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Repentinamente.

Aparece acorazada, armada de valor y chapuzones. De esos que cualquiera querría saltar si hay un pacto perdido con el agua: su cuerpo. Sonreía poco, o eso solía decirme a mí mismo cuando contaba los cadáveres. Algo inerte puede cobrar la apariencia que agrade a cualquiera menos a ti, por eso murió hace tiempo. Qué bonito es estar enamorado de alguien que no existe. Incluso leyendo más despacio se puede apreciar en la palabra siempre que el tiempo sigue avanzando. Qué obsesión es esta de querer partirle las piernas a los tiempos que corren. Es como alimentar a una personalidad distinta cada día: uno desayunas en casa, al día siguiente olvidas las llaves y al tercero estás durmiendo con alguien en un lugar que desconoces. ¿Habría yo venido aquí, siendo consciente de que este no es mi sitio?. Uno es de quien ha dejado que le conozca de verdad, por eso no quiero que prestéis atención a nada. Dejad de leer, lo que viene ahora no es importante:
hace falta estar en guerra
para echar de menos la calma,
añorarla cuando la obtengas 
y desaprovecharla cuando entiendes
que naciste para pelear. 
Para morir,
matar
y ser leyenda. 
La autopsia de un planeta habitado por la biogenesis de lo inalterable: un corazón cuando se para.

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A mi pesar.

 Me ha tocado ser indeleble. Adoptar al viento por la envidia del levante y la ley de la atracción que supone manejar el campo de visión que se me otorga a casi trescientos sesenta grados. Nunca tengo la periferia cubierta del todo. Siempre hay un atisbo, un espejo en ángulo muerto, un visor retro que me dice hasta cuándo estuve y la escala del cómo.  Ahora me ha dado por diseñar gráficos para comparar mi vida y obtener las malditas analíticas de cuánto he mejorado desde que nos despedimos. Lo jodido es que lleva casi un año sin actualizarse porque no tengo tiempo para pararme a pensar. Estoy mejorando, pero no sé medir la velocidad ni los peldaños. No sé en qué flaqueo ni lo que supero con creces. Mi vida es una expectativa. La realidad es que estoy cómodo, no sufro de más pero no dejo de sentirme insuficiente. La diferencia es que es muy diferente. Antes tendía a echarme a llorar y ahora suelo atenuar la importancia hasta alterar la indiferencia que me causa con respecto al ...

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Hasta que la gota aprenda a colmar, supongo. Se supone que es así de necesario, como el albor trata a los ojos que lo contemplan. Buscando el rasguño de paz, la calada de sosiego. Nunca ha sido nunca.  El azar se repite, la judería deshabitada. Intenté encontrar un columpio libre, no un parque vacío. Gusanitos llegan, gusanitos van. Unos mutan, otros matan. Unos flirtean, otros se estremecen. No son tan largos los años.  Lleva siendo mentira desde ayer, desde que decidí creer. Desde que dije sí a lo que siempre dije no. Desde que las nubes se encierran a llorar. Desde que el desierto es capaz de ahogarse. Kilómetros de silencio, años luz de oscuridad. Así es la astronomía, un mausoleo de estrellas dignas de haber muerto. Ya casi estoy.  Fermenté en la aceptación, calcinado hasta el hueso, como los huracanes se llevan hasta lo que no necesitan. Épocas catalogando momentos, canciones que consiguen sacar el sabor de la desgracia. He pecado, pero aún estoy planteándome si voy...

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