Ir al contenido principal

Mi deseo.

El problema es que nunca llegamos del todo,
que nunca nos convencemos dos veces por intentarlo una tercera.

El problema, es que el amor es una mierda,
que el destino no existe,
pero si lo hiciera sería una mierda.

Los sueños son una mierda,
los fracasos son una mierda,
los casi,
los te prometo,
los voy a intentarlo con todas mis fuerzas.

El problema es que no quiero estar en ninguno de los lugares
donde paso la mayor parte del tiempo,
donde no hay fiesta en tu cuerpo
y tregua cada atardecer.

El problema es que quiero que el tiempo se pare,
que los besos no se borren,
que las heridas no sanen,
que la lluvia no cese,
que la marea no se calme.

Quiero despacito que todo ocurra muy deprisa,
deseo temblar tanto que tiembles tú cuando estás conmigo.

Quiero cambiar de aires
de boca a boca,
pasear por tu piel como por la playa,
agarrando tus miedos
y arrojándolos contra los míos.

Uno por uno hacen dos si somos estúpidos,
no hay más incrédulo que el que cree
y luego dice que no se ha enterado de nada.

Tú -en realidad- sonríes porque sabes que te vas a curar,
porque sabes que estás preciosa,
porque de este modo ya no hay estrellas fugaces sin dueño,
apocalipsis sin héroe,
yo sin ti: sólo hojas de libros
que duelen a la vuelta de la esquina,
amores de colegio,
afán por no graduarme nunca.

Siempre tuve algo que decirte
pero nunca te lo quise decir,
quiero no contarme, por si me cumplo.

Mi deseo,
mi deseo soy yo
sacudiendo los pilares de tu tierra,
alimentando al dragón de tus adentros,
recorriendo la avenida de la oscuridad de tu habitación.

Mi deseo no soy más que yo
sin cumplir,
porque nadie me desea
el mal,
buena suerte,
a ti,
a ti,
a ti.

Volveremos a vernos,
a matarnos,
a morirnos;
por otros cualesquiera a la hora exacta
en el sitio equivocado,

volveremos porque somos tan necios
que quisiéramos no querer buscar
aquello que olvidamos.

Corazón, que no,
que tú y yo
somos la misma persona
que nunca nadie imaginó.

Comentarios

Entradas populares de este blog

A mi pesar.

 Me ha tocado ser indeleble. Adoptar al viento por la envidia del levante y la ley de la atracción que supone manejar el campo de visión que se me otorga a casi trescientos sesenta grados. Nunca tengo la periferia cubierta del todo. Siempre hay un atisbo, un espejo en ángulo muerto, un visor retro que me dice hasta cuándo estuve y la escala del cómo.  Ahora me ha dado por diseñar gráficos para comparar mi vida y obtener las malditas analíticas de cuánto he mejorado desde que nos despedimos. Lo jodido es que lleva casi un año sin actualizarse porque no tengo tiempo para pararme a pensar. Estoy mejorando, pero no sé medir la velocidad ni los peldaños. No sé en qué flaqueo ni lo que supero con creces. Mi vida es una expectativa. La realidad es que estoy cómodo, no sufro de más pero no dejo de sentirme insuficiente. La diferencia es que es muy diferente. Antes tendía a echarme a llorar y ahora suelo atenuar la importancia hasta alterar la indiferencia que me causa con respecto al ...

La rueda.

Me niego a pensar que no. Quiero decir, en la posible ficción que se crea en tu rubor y mi asfixia. No puedo ejercer con tanto jugo. Hace unos días, pensaba en los demás, en sus ojos. En lo que ven, lo que captan, lo que observan. Y no son tan capaces como nosotros. Porque si tiro más del hilo, encuentro una punta anudando a otra, un extremo consolando a su reverso. Y no es así como las distancias se plantean. Hay veces que uno las atora, las diversifica de tal manera que uno conversa con la interperie y uno reflexiona a gusto del consumidor. ¿Cuánto tiempo debemos mirarnos? Un segundo, uno, y ya han pasado veinte. Si intento materializar el éxito que supone pasear en ti, con tus puentes y cornisas, mantendría un fin arquitectónico y una deuda posiblemente insaciable hasta el resto de mis días. Me refiero, esta atracción ya no cabe en mi mesita de noche. Me devuelvo al lugar donde empecé y me dibujo, sentado, mientras te explico cómo funcionan los literatos y el romanticismo, que el si...

Ya no quiere ser fuerte.

Ya no salta. Piensa que se ha hecho mayor y que ya nadie quiere jugar a ser el astronauta que va saltando sobre sus lunares. Dice que está triste, que el mundo está triste. Y eso la hace estar más triste aún. Se le ha escapado una sonrisa, corred y pedid un deseo. Deseo no estar aquí. Deseo ser libre atada a sus brazos. No me acuerdo, pero era preciosa. Y educada, siempre me preguntaba si quería echar otro. Adivinadlo, no estoy hablando de pitis. Cuando el sol se pone su mundo se agita, se vuelca, se consume. No se siente capacitada para vivir sola, y define sola: sin ti. Mira por la ventana buscando excusas, un viento que venga con propósitos y dos cojones para reformar su corazón, su cajita fuerte. Grita a sabiendas de que no la escuchan, pide auxilio en voz baja porque no quiere que nadie la suba a su espalda. Le dan miedo las alturas, pero volar es su hijo pequeño, el amor arcano del que no ve sólo porque no quiere ver. Hace laberintos en su mente, se pierde por un mundo que...