Ir al contenido principal

Meraki.

Solíamos salir a echarle un vistazo al mundo,
nos quejábamos de todo.
-La gente te besa,
sin saber hasta dónde
pueden besar-.
Pero algún día dejaba de ser como cualquier otro cuando mirábamos y no con los ojos. Cuando las grietas no eran selladas sino atravesadas, por un haz de luz que te recorría todo el cuerpo fascinándote por fuera. Como pedir auxilio a gritos, pero no para uno mismo.
Hacíamos gárgaras con el pasado influenciándonos por la buena suerte de cruzar los dedos y no los brazos. Lo último siempre traía consecuencias, y las consecuencias si no ocurrían con un poco de perseverancia no valían nada.
Tiempo atrás estuvimos hablando y no nos entendimos, blanqueamos un poco el futuro respondiendo preguntas que jamás nos ocurrirían. Y poco a poco se dice demasiado pero nosotros no abrimos la boca, más bien nos cerramos la vida.
Estuvimos de acuerdo en algo que acababa en nosotros pero siempre nos llevábamos la contraria. Queríamos vivir, y morirnos ahora que estábamos juntos. Nos hicimos tatuajes con los dientes y varios desayunos a las doce del mediodía. Nos besábamos mucho para lo poco que lo pedíamos.
En el fin no había ni un adiós, ni una sola despedida, tampoco firmamos contratos de mierda. Nos pasábamos la vida husmeando en las tiendas, entrábamos y salíamos con las ganas de habernos llevado un poco más. Como con la risa, que baja hasta el ombligo y le quita el puesto. Se convierte en el epicentro de mi constante temblor, tumba murallas y poco más de lo suficiente como para hacerme creer en las friendzones.
No es que esté pidiendo un ultimátum, pero si fuera la última vez que pudiera pedir algo, pediría un final triste para que haya una segunda parte: que dicen que siempre salen bien.

Comentarios

Entradas populares de este blog

A mi pesar.

 Me ha tocado ser indeleble. Adoptar al viento por la envidia del levante y la ley de la atracción que supone manejar el campo de visión que se me otorga a casi trescientos sesenta grados. Nunca tengo la periferia cubierta del todo. Siempre hay un atisbo, un espejo en ángulo muerto, un visor retro que me dice hasta cuándo estuve y la escala del cómo.  Ahora me ha dado por diseñar gráficos para comparar mi vida y obtener las malditas analíticas de cuánto he mejorado desde que nos despedimos. Lo jodido es que lleva casi un año sin actualizarse porque no tengo tiempo para pararme a pensar. Estoy mejorando, pero no sé medir la velocidad ni los peldaños. No sé en qué flaqueo ni lo que supero con creces. Mi vida es una expectativa. La realidad es que estoy cómodo, no sufro de más pero no dejo de sentirme insuficiente. La diferencia es que es muy diferente. Antes tendía a echarme a llorar y ahora suelo atenuar la importancia hasta alterar la indiferencia que me causa con respecto al ...

La rueda.

Me niego a pensar que no. Quiero decir, en la posible ficción que se crea en tu rubor y mi asfixia. No puedo ejercer con tanto jugo. Hace unos días, pensaba en los demás, en sus ojos. En lo que ven, lo que captan, lo que observan. Y no son tan capaces como nosotros. Porque si tiro más del hilo, encuentro una punta anudando a otra, un extremo consolando a su reverso. Y no es así como las distancias se plantean. Hay veces que uno las atora, las diversifica de tal manera que uno conversa con la interperie y uno reflexiona a gusto del consumidor. ¿Cuánto tiempo debemos mirarnos? Un segundo, uno, y ya han pasado veinte. Si intento materializar el éxito que supone pasear en ti, con tus puentes y cornisas, mantendría un fin arquitectónico y una deuda posiblemente insaciable hasta el resto de mis días. Me refiero, esta atracción ya no cabe en mi mesita de noche. Me devuelvo al lugar donde empecé y me dibujo, sentado, mientras te explico cómo funcionan los literatos y el romanticismo, que el si...

Ya no quiere ser fuerte.

Ya no salta. Piensa que se ha hecho mayor y que ya nadie quiere jugar a ser el astronauta que va saltando sobre sus lunares. Dice que está triste, que el mundo está triste. Y eso la hace estar más triste aún. Se le ha escapado una sonrisa, corred y pedid un deseo. Deseo no estar aquí. Deseo ser libre atada a sus brazos. No me acuerdo, pero era preciosa. Y educada, siempre me preguntaba si quería echar otro. Adivinadlo, no estoy hablando de pitis. Cuando el sol se pone su mundo se agita, se vuelca, se consume. No se siente capacitada para vivir sola, y define sola: sin ti. Mira por la ventana buscando excusas, un viento que venga con propósitos y dos cojones para reformar su corazón, su cajita fuerte. Grita a sabiendas de que no la escuchan, pide auxilio en voz baja porque no quiere que nadie la suba a su espalda. Le dan miedo las alturas, pero volar es su hijo pequeño, el amor arcano del que no ve sólo porque no quiere ver. Hace laberintos en su mente, se pierde por un mundo que...