Ir al contenido principal

Letras es cuarentena.



Hay un sonido monótono que, alba tras alba, ilumina la oscuridad de la calle. Podría decirse que se esconde entre las ruedas de los automóviles y nos da a elegir entre la acera y la calzada. Ambas están empapadas del mismo frío que disfraza a la atmósfera.

El silencio no necesita armas de cuchillo ni fogueo precipitado, antes de pulsar cualquier gatillo, ya podría haber matado a algunas personas. Los días son interminables pero insuficientes, como si nuestra necesidad llevara el mismo nombre de la persona que la condenó.

Agachando la cabeza vi a un hombre paseando a su perro y, si la levantaba, veía un sueño hecho pesadilla. Días comunes como ningún otro, en los que el sol tiene miedo a asomarse si no ve a nadie y donde las nubes no dibujan figuritas, ya que el viento no las lleva a ninguna parte.

Hacía un día precioso y no había nadie para cuestionarlo. 

Para que un segundo pasase, debía presentarse como perdido y las ventanas, eran cárceles de amor y creatividad. Los niños pequeños tararean las nanas que no se han cantado en el mundo y mi mayor pasión las describe como chirridos irritantes que bombardean los resquicios de la paciencia.

Me cuesta admitir que las azoteas se han convertido en ''el patio de nuestra casa'' donde nada fue particular. He visto casas de cartón aguantar más de media vida y nadie se ha preguntado si la nieve o la lluvia las hará provocar un desahucio mal calculado.

Los colores que se distinguen al final de la calle no son más que el batiburrillo inexplicable de órdenes llevadas a cabo en los últimos días de fiesta y en las mañanas simultáneas al miedo convertido en mediocridad.

Mi madre hacía pompas de jabón antes de que yo las supiese crear en mi cabeza. Mi hermana ya huía mucho antes de que la persiguieran. Mi amigo ya era amigo mío antes de que yo le preguntara si querría que fuésemos amigos. 

Así son las cuerdas de este pozo sin fondo ni sal, una bazofia de colmillos de fiera que abrieron la boca antes de que yo me jugara el cuello. Un símil de lo tenue a lo voraz, que indique el camino justo y necesario para llegar a un punto medio donde no sumemos dos personas a la vez.

Todos los que buscamos el bien propio eyaculamos sobre el ajeno, defecamos en el portal de la que fue nuestra casa y soltamos la espina a la rosa que nos vio florecer.

Del resto nos acordaremos cuando todo cese, de las cartas que no hemos enviado porque no teníamos a quién ni cómo y las sagradas charlas y caricias que se vertieron en mares de cristal.

Podría llevarme media existencia mendigando letras, zigzagueando entre vuestros motivos para encontrar al culpable de esta distorsión. Algún día algo provocará en mí una risa constante y resbalaré con las piedrecitas del camino que otros van dejando en lugar de apartarlas a un lado.

Comentarios

Entradas populares de este blog

A mi pesar.

 Me ha tocado ser indeleble. Adoptar al viento por la envidia del levante y la ley de la atracción que supone manejar el campo de visión que se me otorga a casi trescientos sesenta grados. Nunca tengo la periferia cubierta del todo. Siempre hay un atisbo, un espejo en ángulo muerto, un visor retro que me dice hasta cuándo estuve y la escala del cómo.  Ahora me ha dado por diseñar gráficos para comparar mi vida y obtener las malditas analíticas de cuánto he mejorado desde que nos despedimos. Lo jodido es que lleva casi un año sin actualizarse porque no tengo tiempo para pararme a pensar. Estoy mejorando, pero no sé medir la velocidad ni los peldaños. No sé en qué flaqueo ni lo que supero con creces. Mi vida es una expectativa. La realidad es que estoy cómodo, no sufro de más pero no dejo de sentirme insuficiente. La diferencia es que es muy diferente. Antes tendía a echarme a llorar y ahora suelo atenuar la importancia hasta alterar la indiferencia que me causa con respecto al ...

La rueda.

Me niego a pensar que no. Quiero decir, en la posible ficción que se crea en tu rubor y mi asfixia. No puedo ejercer con tanto jugo. Hace unos días, pensaba en los demás, en sus ojos. En lo que ven, lo que captan, lo que observan. Y no son tan capaces como nosotros. Porque si tiro más del hilo, encuentro una punta anudando a otra, un extremo consolando a su reverso. Y no es así como las distancias se plantean. Hay veces que uno las atora, las diversifica de tal manera que uno conversa con la interperie y uno reflexiona a gusto del consumidor. ¿Cuánto tiempo debemos mirarnos? Un segundo, uno, y ya han pasado veinte. Si intento materializar el éxito que supone pasear en ti, con tus puentes y cornisas, mantendría un fin arquitectónico y una deuda posiblemente insaciable hasta el resto de mis días. Me refiero, esta atracción ya no cabe en mi mesita de noche. Me devuelvo al lugar donde empecé y me dibujo, sentado, mientras te explico cómo funcionan los literatos y el romanticismo, que el si...

Ya no quiere ser fuerte.

Ya no salta. Piensa que se ha hecho mayor y que ya nadie quiere jugar a ser el astronauta que va saltando sobre sus lunares. Dice que está triste, que el mundo está triste. Y eso la hace estar más triste aún. Se le ha escapado una sonrisa, corred y pedid un deseo. Deseo no estar aquí. Deseo ser libre atada a sus brazos. No me acuerdo, pero era preciosa. Y educada, siempre me preguntaba si quería echar otro. Adivinadlo, no estoy hablando de pitis. Cuando el sol se pone su mundo se agita, se vuelca, se consume. No se siente capacitada para vivir sola, y define sola: sin ti. Mira por la ventana buscando excusas, un viento que venga con propósitos y dos cojones para reformar su corazón, su cajita fuerte. Grita a sabiendas de que no la escuchan, pide auxilio en voz baja porque no quiere que nadie la suba a su espalda. Le dan miedo las alturas, pero volar es su hijo pequeño, el amor arcano del que no ve sólo porque no quiere ver. Hace laberintos en su mente, se pierde por un mundo que...