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A mi pesar.

 Me ha tocado ser indeleble. Adoptar al viento por la envidia del levante y la ley de la atracción que supone manejar el campo de visión que se me otorga a casi trescientos sesenta grados. Nunca tengo la periferia cubierta del todo. Siempre hay un atisbo, un espejo en ángulo muerto, un visor retro que me dice hasta cuándo estuve y la escala del cómo.  Ahora me ha dado por diseñar gráficos para comparar mi vida y obtener las malditas analíticas de cuánto he mejorado desde que nos despedimos. Lo jodido es que lleva casi un año sin actualizarse porque no tengo tiempo para pararme a pensar. Estoy mejorando, pero no sé medir la velocidad ni los peldaños. No sé en qué flaqueo ni lo que supero con creces. Mi vida es una expectativa. La realidad es que estoy cómodo, no sufro de más pero no dejo de sentirme insuficiente. La diferencia es que es muy diferente. Antes tendía a echarme a llorar y ahora suelo atenuar la importancia hasta alterar la indiferencia que me causa con respecto al ...

La rueda.

Me niego a pensar que no. Quiero decir, en la posible ficción que se crea en tu rubor y mi asfixia. No puedo ejercer con tanto jugo. Hace unos días, pensaba en los demás, en sus ojos. En lo que ven, lo que captan, lo que observan. Y no son tan capaces como nosotros. Porque si tiro más del hilo, encuentro una punta anudando a otra, un extremo consolando a su reverso. Y no es así como las distancias se plantean. Hay veces que uno las atora, las diversifica de tal manera que uno conversa con la interperie y uno reflexiona a gusto del consumidor. ¿Cuánto tiempo debemos mirarnos? Un segundo, uno, y ya han pasado veinte. Si intento materializar el éxito que supone pasear en ti, con tus puentes y cornisas, mantendría un fin arquitectónico y una deuda posiblemente insaciable hasta el resto de mis días. Me refiero, esta atracción ya no cabe en mi mesita de noche. Me devuelvo al lugar donde empecé y me dibujo, sentado, mientras te explico cómo funcionan los literatos y el romanticismo, que el si...

Otro poema al que no pienso ponerle nombre.

 Una corriente que fluya como un río sin pena, que, del hedonismo haga un vórtice y se apiade de la bandera. Que hundas la ira con el celo, la víbora con la felina, el juglar con el apenado. Yo sé, ni idea, pero lo intenté. Sincronizar la brazada y el anhelo, volcar lo inhóspito hasta que se rompa el tedio. Izar, trasnochar, verter, aullar, desmedir, puntiagudizar , roer. Nunca un verbo tuvo tanta responsabilidad. Nunca una palabra tuvo tanta culpa. Nunca un poema tuvo ni una mísera solución.

He pecado.

Hasta que la gota aprenda a colmar, supongo. Se supone que es así de necesario, como el albor trata a los ojos que lo contemplan. Buscando el rasguño de paz, la calada de sosiego. Nunca ha sido nunca.  El azar se repite, la judería deshabitada. Intenté encontrar un columpio libre, no un parque vacío. Gusanitos llegan, gusanitos van. Unos mutan, otros matan. Unos flirtean, otros se estremecen. No son tan largos los años.  Lleva siendo mentira desde ayer, desde que decidí creer. Desde que dije sí a lo que siempre dije no. Desde que las nubes se encierran a llorar. Desde que el desierto es capaz de ahogarse. Kilómetros de silencio, años luz de oscuridad. Así es la astronomía, un mausoleo de estrellas dignas de haber muerto. Ya casi estoy.  Fermenté en la aceptación, calcinado hasta el hueso, como los huracanes se llevan hasta lo que no necesitan. Épocas catalogando momentos, canciones que consiguen sacar el sabor de la desgracia. He pecado, pero aún estoy planteándome si voy...

Irse y huir.

La letanía que me hace despertar es la misma que me condena. Una sinfonía exacta: tres, cero, cuatro. Los números no se equivocan. Tampoco lo hicieron las personas que se fueron. Pero porque una cosa es huir, y otra irse. Huir parte de una súplica, indebida, tal vez, hacia dentro. Pero irse es cosa de valientes, irse cuesta mucho más. Decirlo en voz alta, maldecir tres veces haberlo dicho, cumplirlo. Ese es el plan. Marcharse. Obligarte a olvidar, a dejar atrás, a extrañar, a dejar de sentir por los sentidos. No al gusto, tampoco al tacto. No se oye más, ni se huele, ni se ve. Se bifurca , se pelea uno con uno mismo, se prohíbe, se delata. Por supuesto que tiene que ver con quien se queda. Es decir, mantienes algo, lo que ocurre es que ni puta idea. Algo dócil, que estremece, que suena a verano, ahí hubo calma. No la hubo, la ofreció. Irse es cosa de locos porque huir lo es más de tontos. Y yo soy un poco las dos cosas, porque he estado tan loco por irme, que me he sentido increíblemen...

La constante variable.

Cada vez que he tenido la terrible necesidad de escribir, latía en otro pecho la constante variable. Hurgar en las heridas de otro y sus respectivas prendas: las de sufrir, las de salir a bailar y, por consiguiente, esa bolita de fuego que emerge del mismo vapor que lo apagó la última vez. Vistas al futuro, la casa con jardín de tus sueños, el techo medio hundido por la decepción de las nubes. Quizá me exijo demasiado. Posiblemente esté en esa época que todos odian, la del conformismo, la feroz y ambigua etapa que empaña los cristalitos por donde una vez entró el sol, pero no se quedó porque odiaba lo que había en el interior. La constante variable en un pecho ajeno. Juraría por la sombra y la paz que aquello no fue tan fugaz. Que duró lo justito. Que debía estar en esa entraña y a la potencia equivocada. Que los decibelios no entienden de mareas, pero sumisos al mismo puente tumban una ciudad recién iluminada. Cada vez que tengo la terrible necesidad de escribir, confío. Porque entonc...

Nuevos comienzos.

Tras nosecuánto tiempo separado de los libros (aunque no al cien por cien) he vuelto al lugar donde abrí la primera página. Me he visto maniatado al papel por el que un día perdí el juicio, al personaje por el que salté al vacío y a la historia por la que terminaré muriendo cualquier día. Tras probar otras artes e invertir tiempo en hacer música, he decidido volver a abrirme una cuenta literaria en Instagram, que por el momento actuará bajo el usuario de @litter.books Lo que haré con ella es una absoluta incógnita. Estoy a punto de terminar el grado de Filología y tengo varias cosas por resolver, pero la vuelta está cada vez más cerca. ¡Y en qué dimensión!  Nos volveremos a ver muy pronto por las redes sociales, con el contenido que a mí me gusta y por el que, muchos de vosotros, habéis llegado. 

Entrada sin nombre nº1

Escribo y los ojos se me cierran, pero escribo. Casi noto la bifurcación entre mis ganas y la anatomía de tus ideas, donde el odio se transforma en vértigo y, éste, en adrenalina. Podría seguir escribiendo sin abrirlos, que los culpables seguirán fingiendo ser inocentes por el miedo a la justicia. Qué sabrá la justicia sobre el misterio y la heterogeneidad. Preferimos la parte humana que no lo es tanto, que si te quiero más reviento y ya casi nadie pretende reventar. Cuando era pequeño mi piel sangraba y hoy es en ésta misma donde se erosiona la herida, yo quien me las hago, el paso del tiempo quien las echa de menos cuando se han cerrado. Estuve tantas veces a punto de reabrir una que acabé sintiendo ansiedad. Me critiqué bajísimo, por si me oía la sensatez, que para colmo estaba atada al árbol de mis genes. Inconsciente me hallé bajo el tumor que pretendí crear a tus días, para que jamás librases guerra más alta, profunda y fría. Al menos mantuve la compostura en el jardín, bajo la t...

Vaticinio.

 Me he puesto a escribir en la solapa del ticket del autobús, justo debajo de donde dice: viaje simple 1,40 €. Me hizo gracia, porque apenas hay viajes simples hoy en día, ni siquiera aquellos que no te llevan a ningún sitio. Será que hoy no tenía ninguna cita interesante, que las labores de casa andaban esperando un beso de buenas noches y las caricias de mañana mientras las contemplo desde el sofá. Todo con una taza de leche bien calentita y una docena de galletas que sabe perfectamente que no terminaré la tarea, y luego vendrán a pedirme una segunda oportunidad a la hora de la merienda. Pero a la hora de la merienda quizá no esté en casa, puede que me haya engatusado el curro y esté convirtiendo el tiempo en seiseuroslahora. —Vaya, ya casi se me ha ido el día. — Pienso mientras vaticino el suspiro que vendrá después, con la insólita obligación de hacerme pensar que habrá merecido la pena. Sé perfectamente que merecer la pena es esclavizar la alegría, porque en cierto modo, el si...

Mi novela y yo.

  El título me recuerda un poco a Juan Ramón Jiménez y a su burrito, pero no es eso. Es que un miércoles, 16 de marzo de 2022 algo hizo clic. Algo me dijo "es esto", es ahora, rápido, corre, vuela, transita, engulle, escribe, vomita. Anoche no conseguí pegar ojo, intenté visualizar en un campo infinito de ideas la idónea, la que consiga hacer fluir la controversia y haga competencia a la desgana y al desinterés. Personajes, personajes y más personajes. Tengo muchos, pero, ¿son suficientes? Hay que buscar algo nuevo, novedoso, poco visto y a la vez, muy vistoso. ¿Adónde los llevo? ¿Los mato? ¿Los hago sobrevivir? ¿Les dibujo cicatrices en la cara? ¿Tatuajes? ¿Complejos? ¿Conseguirán que el final tenga sentido? ¿Y el final? No estaría mal dejar un final abierto para una posible segunda parte, ¿qué podría ocurrir? Lo tengo. Lo tengo todo. Escuchando un podcast a media noche decidí escribir hoy esta entrada. Me he levantado antes de lo previsto, he dormido relativamente poco pero...

El abril que me robaron.

Podría ser más exacto a la hora de equivocarme, podría centrarme en el problema y partirlo en dos, en lugar de solucionarlo. Podría salir huyendo de donde soy feliz, así no malgastaré mi tiempo sintiéndome triste al haberme perdido. Supongo que la vida es eso, perderse y encontrarse, que te encuentren y que te pierdan. No sé con qué tipo de persona quedarme, con la que juró no hacerme daño o con la que siempre prometió cuidar de mí. Al fin al cabo, lo que más nos relaciona a las personas es lo diferente que somos. Podría no fiarme del tiempo, rechazar el oro, vivir con un sistema de reglas que se interpongan a mi voluntad, rezarte de rodillas, lamer tu orgullo, quedarme quieto cuando piso una granada. Podría haber hecho tanto que nunca, menos que jamás, lo mismo que alguna vez. Y al final intenté acercarme lo máximo posible al acierto: le hablé cara a cara al descuido, besé sus morros y le dije: - Quiero que tengas claro que el error de los dos, sigues siendo tú.

(Preso)ni(ficciones).

Ya no somos los mismos - le dije. Como si tuviésemos una misión nueva por desbloquear y Vida  hubiese dado ese giro de ciento ochenta grados que necesita Interior . Nada se podía comparar con Antes y ese que nos cambió fue Detonación ,   huésped de nuestra atrevida y valiente  Lucha . Antes era Uno y de vez en cuando, también fue Dos , porque Uno  era Otro  a la vez que Uno  tuvo que ser Uno mismo . Sin pliegues ni trueques a Destino . Teníamos a Vorágine , que nos avisaba de que Emergencia  estaba a punto de llegar a un cuerpo que no era el nuestro y, sin pensarlo ni un segundo, flotábamos hacia Vacío , que estaba por descuartizar a Día menos pensado . Hasta hoy no existió Batalla ,   que se suicidaría junto a  Dolor mucho antes de nacer, porque sabía que Derrota vencería. Intentando no perder a Calma , Calma  vino. Calma nos tranquilizó y Calma  hizo que nos fundiéramos en Abrazo . Abrazo sorprendió con Beso  y Beso...

19/01/2022

Pisé en falso solo por alcanzarte a ti. A tus ojos, a tu yugular. Quería verme tan cerca de tu mundo que puse al mío en segundo plano, como si no fuese el tiempo quien desnuda a las personas que lo han dado todo. Confié en que nos hubiésemos equivocado, en que la paliza real solo era un aprendizaje más del libro de problemas que nunca llegamos a comprar.  Jamás fui a tus clases de empatía porque suelo llorar más con problemas ajenos que con los míos propios. No pedí disculpas al árbol que vio cómo nos marchamos. Ni siquiera me digné a saludar al camino que me dejaste por delante. Estuve un rato inmenso quieto, parado, observando reacciones externas, puliendo al máximo mi inconformismo hacia una situación inevitable. A día de hoy sigo sin comprender cómo comprendes el hecho de que tu cabeza, haya solapado a tu corazón. Porque, vida mía, tengo un nudo tan inmenso en la garganta, que me imposibilita caminar con el alma, pensar con los ojos, besar con las manos. Supongo que solo me que...

El Soporte aislado.

« mientras más profunda la herida más privado era el dolor. » Paula, Isabel Allende . Una entrometida voraz y calumniosa. El resorte que equivale a la longitud. La mala idea de dejar algo en manos ajenas. Lo emblemático que resuena el poder oculto. Escaleras torcidas hacia la nada. Un mar de dudas bajo mi inseguridad. Por patético que suene, estás. Por triste que se lea, no escribo. Un viernes con sabor a oxígeno. Un lunes con trastorno bipolar. Mi niño interior con las rodillas ensangrentadas. El futuro ofreciendo vendas a los que no sufren. Una lápida emborronada por el viento. Éste diciendo que ya no puede con todo lo que se ha llevado. El hilo rojo ahogándome. El cielo triste porque no hay recreo. Una despedida a punto de arrepentirse. Un pálpito que se detiene a observar. Tres motivos por los que decir que sí a una cerveza. Cuatro palabras con resaca del día anterior. Una moral baja por temperaturas elevadas. Un norte aislado y frío añorando al sur. Un adjetivo negán...

Reflexiones de madrugada.

Mejor ponerse triste que de ninguna manera. ¿No creéis? Total, solo es un sentimiento más. Estar triste no deja de ser una pieza fundamental de nuestra vida, incluso diría que a veces es más necesario de lo que podemos imaginar. La tristeza es el cajón de los objetos perdidos, la alfombra que me gustaría pisar con ella todos los días que me restan. La tristeza es el cojín de las lágrimas, la trinchera del que lleva demasiado tiempo siendo feliz, la hostia del que no la espera.  Describir una emoción siempre ha sido tan difícil como sencillo, como el tacto del agua y la sobredosis de algodón de azúcar que siempre cae el último día de feria. Las emociones son compleeeeetamente jodidas.  He sentido algunas de ellas que no sé qué significan, otras que me hicieron llorar y muchas, muchas de ellas, me sacaron una sonrisa. Se podría decir que a veces, nosotros, las personas, somos capaces de dominarlas y expandirlas por el mundo a aquellas personas que nos rodean. Sea para bien, o pa...

La abstinencia del escritor.

He cambiado siete veces el tipo de letra porque no era la recomendada por algunos especialistas. Ya que, dependiendo de lo que escriba, me va a sugerir unas emociones u otras debilidades. No quiero otra que no lleve tu nombre. Me pasa mucho que no consigo idealizar el camino que mis palabras deben tomar para llegar a ese final. Inesperado quizá. No lo sé, pero anhelo una conclusión leve, sin rasguños, que cale dentro del alma que sabe saborear lo infinito. Tal vez pretenda hacerte pensar que escribo porque tengo motivos para hacerlo y, en realidad, casi siempre suelto una excusa diferente. Le temo a la lectura tardía por el nivel de caducidad de los sentimientos, a la frescura que se encierra en la sangre que quiere hervir, pero no encuentra calor en el cuerpo que la posee. Al fin y al cabo, nuestros vasos sanguíneos se colman por la de veces que hemos sangrado. Pertenecer a un círculo de imaginadores nunca fue mi vocación, pero luego recuerdo que también hay volcanes que no volverán a...

Corazón abierto.

Más largo es el tiempo del olvido que el preámbulo que todo lo puede parar. Insisto en la exquisitez del sabor de tus labios cuando paso cerca, lejos, qué se yo. Casi me cuesta imaginar lo obsceno de un contorno plegable y aburrido, nítido y capaz. Porque tú, querida mariposa gris, no estuviste nunca preparada para llevar los colores que pesan como años, que amanecen como soles y sobretodo, mente incapaz, hábitat de murciélagos, haces que el milagro cobre la pena que más vale. Me reitero a lo anterior, a lo largo que era el olvido una vez torcido en el nudo interno del pensamiento, donde los arcabuces sanan y las rosas hieren, donde no hay más que un atónito dejándose llevar por el placer. Y al final de todo, del túnel, del paseo, del camino; habrá un sostén que resbale y huya, que abrace y muera. El sostén del mundo en el que te regocijas cuando está la vida tan tumbada que las rectas la envidian, sin rencores ni odios que sustenten mi escritura. No te quise por fama alguna ni monedas...

Recipientes.

 Hoy me ha saltado la alarma a las cinco de la mañana y no he sabido qué hacer con las diecinueve horas restantes que tiene el día. Amanecer temprano es cosa de las nubes, los pajarillos y las odiseas. No tengo una excusa para lo que, al fin y al cabo, me sostiene cuando creo mantenerme en pie. Hace muchísimo tiempo que la quiero y me dice que la quiera aún más, pero luego le suelto que no puedo hacerlo más fuerte y me siento vulnerable y traidor: siempre consigo hacerlo mejor. ¿Dónde está el límite que engloba al amor físico, abrazando al espiritual y formando una nebulosa con lo mortífero y astral? ¿A dónde van esas ráfagas de conciencia y lealtad que juramos un día y a día de hoy seguimos conservando? Parece ser que lo que un día cosechas dura para toda la vida, pero eso es porque la entrega es más grande que la recogida. Una vez me dijeron: no siembres donde sabes que no vas a recoger nada. Y os diré una cosa: tengo más cosas conseguidas que por conseguir. Mientras pueda seguir...