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La rueda.

Me niego a pensar que no. Quiero decir, en la posible ficción que se crea en tu rubor y mi asfixia. No puedo ejercer con tanto jugo. Hace unos días, pensaba en los demás, en sus ojos. En lo que ven, lo que captan, lo que observan. Y no son tan capaces como nosotros. Porque si tiro más del hilo, encuentro una punta anudando a otra, un extremo consolando a su reverso. Y no es así como las distancias se plantean. Hay veces que uno las atora, las diversifica de tal manera que uno conversa con la interperie y uno reflexiona a gusto del consumidor. ¿Cuánto tiempo debemos mirarnos? Un segundo, uno, y ya han pasado veinte.

Si intento materializar el éxito que supone pasear en ti, con tus puentes y cornisas, mantendría un fin arquitectónico y una deuda posiblemente insaciable hasta el resto de mis días. Me refiero, esta atracción ya no cabe en mi mesita de noche.

Me devuelvo al lugar donde empecé y me dibujo, sentado, mientras te explico cómo funcionan los literatos y el romanticismo, que el siglo lo pasó bastante mal para lo tan bonito que se escribía todo. El arte, tus manos: cine. Precario del saber me siento, que un día conoceré tu vida y, al siguiente, me olvidaré de ella. Porque sé que quiero andar por donde anduve. Que el camino establecido es aquel que de signos, símbolos y poesías se olvidaron otros.

No es tanto el mar sino su profundidad, olvidar el color y la temperatura. Si el frío llega es porque le hemos dado paso. Y este tono de grises es acumulable a mis días de tortura, pensando en la balanza, en que quiero que se incline. El medidor de cariño y sus mil y una formas de reventar. Me suele pasar con un solo beso. 

Si me muestro sensible verás el mundo temblar, no por la fuerza de mi sacudida, si no por el clima. Querré que en mí veas casa, realidad deseada del náufrago, ambientador favorito de un huérfano. 

Querré que en mí veas progreso. Ímpetu, fervor, evolución, de sa rro llo. Esa será mi señal, mi signo y mi poesía. Que, aunque ya no la escriba, le debo mucho. Como a ti.

Deseo estar preparado, y he llegado a la conclusión de que, sin ti, sin tu aparición, es imposible.

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