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Otro poema al que no pienso ponerle nombre.

 Una corriente que fluya como un río sin pena,
que, del hedonismo haga un vórtice
y se apiade de la bandera.

Que hundas la ira con el celo,
la víbora con la felina,
el juglar con el apenado.

Yo sé,
ni idea,
pero lo intenté.

Sincronizar la brazada y el anhelo,
volcar lo inhóspito hasta que se rompa el tedio.
Izar, trasnochar, verter, aullar,
desmedir, puntiagudizar, roer.

Nunca un verbo tuvo tanta responsabilidad.
Nunca una palabra tuvo tanta culpa.
Nunca un poema tuvo ni una mísera solución.


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