Ir al contenido principal


Sube un poco el volumen: vamos a no hacernos ni caso.

Ya sé que lo mejor está por dimanar. ¿Cuántas veces me lo repitieron? Probablemente no más de todaslasqueperdí. Hoy no he visto a nadie en ningún callejón, pero he visto muchos callejones en algunas personas. Las luces apagadas, fundidas, desgarradas; el cielo inhabitado, andrajoso y perturbado. Un día me volví loco y escuché aplausos cada hora, cada día, cada vida. Debían de estar celebrando mi asalto, la llegada de aquel inconsecuente frente el sistema establecido y, seguramente, el idilio de un caparazón ante el secuestro de la piel.

Supongo que alguna vez habremos pensado en estirar el tiempo y, lo más probable, sea que no hayamos conseguido contar los segundos con tanto delay. Todo lo hice para abrazarte más la hiel. Aunque todo esto solo siga ocurriendo en mi cabeza.

Puede que lleguemos a imaginar todo el cine y las películas rodadas en soledad, o que vivamos una crisis burocrática inferior al qué se yo. Quizás debas venir sin yo pedirlo, vivir si yo no muero o, quién sabe, fumar si yo me esfumo. Aunque luego ponga música y prefiera no escucharte, y decirte a la espalda lo que la cara desconoce. Aunque después me fuese a oír al viento cantar la samba de un delfín pidiendo auxilio.


Comentarios

Entradas populares de este blog

A mi pesar.

 Me ha tocado ser indeleble. Adoptar al viento por la envidia del levante y la ley de la atracción que supone manejar el campo de visión que se me otorga a casi trescientos sesenta grados. Nunca tengo la periferia cubierta del todo. Siempre hay un atisbo, un espejo en ángulo muerto, un visor retro que me dice hasta cuándo estuve y la escala del cómo.  Ahora me ha dado por diseñar gráficos para comparar mi vida y obtener las malditas analíticas de cuánto he mejorado desde que nos despedimos. Lo jodido es que lleva casi un año sin actualizarse porque no tengo tiempo para pararme a pensar. Estoy mejorando, pero no sé medir la velocidad ni los peldaños. No sé en qué flaqueo ni lo que supero con creces. Mi vida es una expectativa. La realidad es que estoy cómodo, no sufro de más pero no dejo de sentirme insuficiente. La diferencia es que es muy diferente. Antes tendía a echarme a llorar y ahora suelo atenuar la importancia hasta alterar la indiferencia que me causa con respecto al ...

La rueda.

Me niego a pensar que no. Quiero decir, en la posible ficción que se crea en tu rubor y mi asfixia. No puedo ejercer con tanto jugo. Hace unos días, pensaba en los demás, en sus ojos. En lo que ven, lo que captan, lo que observan. Y no son tan capaces como nosotros. Porque si tiro más del hilo, encuentro una punta anudando a otra, un extremo consolando a su reverso. Y no es así como las distancias se plantean. Hay veces que uno las atora, las diversifica de tal manera que uno conversa con la interperie y uno reflexiona a gusto del consumidor. ¿Cuánto tiempo debemos mirarnos? Un segundo, uno, y ya han pasado veinte. Si intento materializar el éxito que supone pasear en ti, con tus puentes y cornisas, mantendría un fin arquitectónico y una deuda posiblemente insaciable hasta el resto de mis días. Me refiero, esta atracción ya no cabe en mi mesita de noche. Me devuelvo al lugar donde empecé y me dibujo, sentado, mientras te explico cómo funcionan los literatos y el romanticismo, que el si...

Letras es cuarentena.

Hay un sonido monótono que, alba tras alba, ilumina la oscuridad de la calle. Podría decirse que se esconde entre las ruedas de los automóviles y nos da a elegir entre la acera y la calzada. Ambas están empapadas del mismo frío que disfraza a la atmósfera. El silencio no necesita armas de cuchillo ni fogueo precipitado, antes de pulsar cualquier gatillo, ya podría haber matado a algunas personas. Los días son interminables pero insuficientes, como si nuestra necesidad llevara el mismo nombre de la persona que la condenó. Agachando la cabeza vi a un hombre paseando a su perro y, si la levantaba, veía un sueño hecho pesadilla. Días comunes como ningún otro, en los que el sol tiene miedo a asomarse si no ve a nadie y donde las nubes no dibujan figuritas, ya que el viento no las lleva a ninguna parte. Hacía un día precioso y no había nadie para cuestionarlo.  Para que un segundo pasase, debía presentarse como perdido y las ventanas, eran cárceles de amor y creativ...