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Pon tú el título.

Nada.
Todo eso es lo que queda.



Nada


Aún no entiendo cómo salen palabras
si no existen,
si no crearon suficientes,
si he apagado el motor.

Apenas un piano estalla y sabe nombrar lo que no lloro. Mi silueta hace intentos de tocarme y no la dejo, porque sombra solo hay una por luz que la dibuje. No quedan tantos focos aquí abajo. Al menos, de risa y ojos tienen material. ¿Qué pensaran aquellos que no piensan? Tenemos un contrato que no vamos a romper, una tenue exclamación que cesa y no para. No separa. Sabe mal en cuanto a brechas que discurren por el río de la escasez, no soy capaz de atar el hilo que defiende a tu cordura. Puede ser que otro sea lo que yo. Que otro escriba lo que yo. Que yo no sea nunca uno de esos. Qué intermedio merecen los humanos que no arrebatan, que no huyen del concilio que nos esfuma y atrae. ¿Acaso no es el humo un antidisturbio? Precaución sobre las masas que no caen frente a lo pesado que es el viento. He buscado a otras en tu camino para decirles lo siguiente: esta piedra es tuya. Han cerrado tantos bares como hospicios, sin lugar a dudas tengo una y no la resuelvo. El día que dibujé el revólver, borré las balas y el gatillo. Hay un disfraz en el perchero que reluce y sufre la psicosis de un gen múltiple. Nadie dice por qué al que ríe. Y el sufrimiento cabe en el bolsillo de cualquiera que no sepa coser. Me han traído a un lugar oscuro y pienso que si suelto la mano de la suya incendiarán los cuerpos que no aprendieron a nadar. Remedio queda pero me hunde, me solapa y avisa. La muerte es la siguiente fase. ¿Quieres venir conmigo? Aún no digas que sí. El que todo lo sabe finge amnesia. Mi souvenir es que no me olvides. 

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