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Tú dices que me quieres.

Unos buscando vida en otros planetas y yo preguntándome porqué hay planetas y lunas en ella. En su vida.

No sé, supongo que esto me viene grande. Creo que soy nuevo en esto, o es la sensación de que es diferente, y a la vez tan igual como cualquier otra.

Tía, a mi no me vuelvas loco. Solía decir, cuando lo único que quería quizás era no perderme, ni perderla, sino perdernos.
Hay veces en las que la vida de una persona se basa en ese amor de tren. Ese incrédulo amor que crees único. Existe más de un amor.

Está ese por el que subes al tren, sin saber donde será la próxima parada, sólo compras el ticket y que sea lo que dios quiera, te arriesgas a un infierno o a un cielo, pero con ella. Pones tu confianza, tu empeño y valor por esa persona. Es como decir: "Venga, enamórame si puedes."
Le pides que te enseñe el mundo, fuera de tu rutina, donde quizá se juntan más de una para hacerla completa.

Luego, está ese otro amor que dejas en la estación. Ese que puede que se pase el resto de tu vida esperándote, sólo porque no haya Dios que te llegue ni a la zuela de los zapatos. O algo. Ese amor que se queda quieto, parado en ese mundo. Acepta que te marches pero con la condición de que vuelvas, o no. Pero sólo espera.

Y ya, por último, están esos amores que nunca se subieron, esos amores de estación que se pierden solos, entre ellos. Sea porque el tren que se fué nunca volvió y se ven dispuestos a rehacer su vida con lo que le queda, o ya sea porque tienen miedo a subir, por ese puto miedo a que el tren explote, se atasque, o se pierda.

Chica, el amor está que te cagas de bonito. Deja de soltar Te quiero's como el que escupe al puto suelo, y empieza a volverte loca.

No digas que quieres a alguien, si de verdad no lo sientes.

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