Supongo que así son las cosas fáciles y sin complicaciones: que te encantan y justo antes de llegar a ese punto de aborrecerte cogen, y desaparecen. Hace mucho tiempo que esperaba vivir algo así para ver cómo se sentía ser para alguien sólo cuando a ese alguien le apetece ser para ti. Pero nunca sospeché que me acabaría gustando este estilo de vida. O de no-vida. O de qué coño se yo.. La única verdad absoluta que defendería a muerte ante el mismísimo Descartes es la de que estar solo es un poco más fácil cuando alguien viene a compartir su soledad contigo, aunque el secreto del éxito de una conexión así reside en que los integrantes sólo se pueden rozar con el dedo corazón. Y eso ya nos complica la aventura.
Hasta que la gota aprenda a colmar, supongo. Se supone que es así de necesario, como el albor trata a los ojos que lo contemplan. Buscando el rasguño de paz, la calada de sosiego. Nunca ha sido nunca. El azar se repite, la judería deshabitada. Intenté encontrar un columpio libre, no un parque vacío. Gusanitos llegan, gusanitos van. Unos mutan, otros matan. Unos flirtean, otros se estremecen. No son tan largos los años. Lleva siendo mentira desde ayer, desde que decidí creer. Desde que dije sí a lo que siempre dije no. Desde que las nubes se encierran a llorar. Desde que el desierto es capaz de ahogarse. Kilómetros de silencio, años luz de oscuridad. Así es la astronomía, un mausoleo de estrellas dignas de haber muerto. Ya casi estoy. Fermenté en la aceptación, calcinado hasta el hueso, como los huracanes se llevan hasta lo que no necesitan. Épocas catalogando momentos, canciones que consiguen sacar el sabor de la desgracia. He pecado, pero aún estoy planteándome si voy...
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