Ir al contenido principal

Y otra vez.

-Ey, oye.
-Hola nene, ¿qué ocurre? ¿Por qué tiemblas?
-No sé, no me salen las palabras, a lo mejor es que he venido a hablar de amor.
-¿Qué quieres decir?
-Vengo a esto, joder. A hablarte de nosotros. De lo que fuimos. No sé quién mintió más, si yo diciendo que te había olvidado o tú diciendo que me querías. Lo que sí se es que solo quedan cenizas, que te lanzaste al vacío por mi, y luego te piraste y saliste huyendo. Chica, cada vez que te alejas, me duele.
-Has sido el chico de mis sueños siempre. Lo que pasa es que necesitaba pensar, unos días de libertad. Me acojonaba la idea de que no pudiera vivir sin ti. A veces las cosas son más difíciles de lo que parecen. ¿Sabes? Cada vez que oía a un tío reirse, te me venías a la cabeza. Y tu nombre, ¿quién no me ha escuchado cagarme en mi puta vida mil veces cuando lo oía? Que si, que quizás seas tú el ejemplo de que el amor duele.
-¿Te duele? Qué te va a doler, si no sabes lo que es estar sin ti. Echar de menos a alguien tan importante como tú lo eres para mi.
-¿Me has echado de menos?
-Joder que si te echaba de menos. Tiene cojones que para aprender tengas que darte la misma hostia seis veces eh.
-Tío, no me hagas esto, coño.
-¿Que no te haga qué? ¿Que no te quiera mas que a nadie en este puto universo? Parece que no sabes de qué va esto.
-Pues dímelo tu, joder, que siempre me tengo que poner a llorar yo.
-Eh pequeña, escúchame. Eh, quítame esa cara triste ahora mismo, o te reviento a sonrisas. Quiero que sepas que, puede que te odie más, pero jamás te querré menos.

Me abraza y me besa, como si en ese momento hubiera explotado el mundo, y nosotros fuéramos los únicos supervivientes.

-Te necesito tío.
-Nosotros valíamos más que estas palabras, así que acaba de una vez, acaba con lo poco que nos queda.

No me deja terminar la frase y vuelve a besarme, como si el mundo se acabara mañana.

-Eres de las personas por las que pondría la mano en el fuego y no me quemaría.
-Tú no vuelvas a faltarme, por favor.

Comentarios

Entradas populares de este blog

A mi pesar.

 Me ha tocado ser indeleble. Adoptar al viento por la envidia del levante y la ley de la atracción que supone manejar el campo de visión que se me otorga a casi trescientos sesenta grados. Nunca tengo la periferia cubierta del todo. Siempre hay un atisbo, un espejo en ángulo muerto, un visor retro que me dice hasta cuándo estuve y la escala del cómo.  Ahora me ha dado por diseñar gráficos para comparar mi vida y obtener las malditas analíticas de cuánto he mejorado desde que nos despedimos. Lo jodido es que lleva casi un año sin actualizarse porque no tengo tiempo para pararme a pensar. Estoy mejorando, pero no sé medir la velocidad ni los peldaños. No sé en qué flaqueo ni lo que supero con creces. Mi vida es una expectativa. La realidad es que estoy cómodo, no sufro de más pero no dejo de sentirme insuficiente. La diferencia es que es muy diferente. Antes tendía a echarme a llorar y ahora suelo atenuar la importancia hasta alterar la indiferencia que me causa con respecto al ...

La rueda.

Me niego a pensar que no. Quiero decir, en la posible ficción que se crea en tu rubor y mi asfixia. No puedo ejercer con tanto jugo. Hace unos días, pensaba en los demás, en sus ojos. En lo que ven, lo que captan, lo que observan. Y no son tan capaces como nosotros. Porque si tiro más del hilo, encuentro una punta anudando a otra, un extremo consolando a su reverso. Y no es así como las distancias se plantean. Hay veces que uno las atora, las diversifica de tal manera que uno conversa con la interperie y uno reflexiona a gusto del consumidor. ¿Cuánto tiempo debemos mirarnos? Un segundo, uno, y ya han pasado veinte. Si intento materializar el éxito que supone pasear en ti, con tus puentes y cornisas, mantendría un fin arquitectónico y una deuda posiblemente insaciable hasta el resto de mis días. Me refiero, esta atracción ya no cabe en mi mesita de noche. Me devuelvo al lugar donde empecé y me dibujo, sentado, mientras te explico cómo funcionan los literatos y el romanticismo, que el si...

Ya no quiere ser fuerte.

Ya no salta. Piensa que se ha hecho mayor y que ya nadie quiere jugar a ser el astronauta que va saltando sobre sus lunares. Dice que está triste, que el mundo está triste. Y eso la hace estar más triste aún. Se le ha escapado una sonrisa, corred y pedid un deseo. Deseo no estar aquí. Deseo ser libre atada a sus brazos. No me acuerdo, pero era preciosa. Y educada, siempre me preguntaba si quería echar otro. Adivinadlo, no estoy hablando de pitis. Cuando el sol se pone su mundo se agita, se vuelca, se consume. No se siente capacitada para vivir sola, y define sola: sin ti. Mira por la ventana buscando excusas, un viento que venga con propósitos y dos cojones para reformar su corazón, su cajita fuerte. Grita a sabiendas de que no la escuchan, pide auxilio en voz baja porque no quiere que nadie la suba a su espalda. Le dan miedo las alturas, pero volar es su hijo pequeño, el amor arcano del que no ve sólo porque no quiere ver. Hace laberintos en su mente, se pierde por un mundo que...