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El amor nunca ha sido rosa.

Dejan huella por no decir agujeros. Se quieren tanto que duele, así, son las cosas. Uno no acepta que el daño es necesario hasta que lo hace, a nadie le gusta ser víctima de un asesino indomable, estremecedor o acústicamente adictivo. Todo suena mejor cuando estás empapado de ello, cuando al fin y al cabo te ves impregnado de un olor incandescente, un hallazgo que da a tu vida un giro de tropecientos grados. Y es que lo jodido de dar tantas vueltas es que jamás sabrás si caerás de pie o darás con los dientes en el suelo. Yo ya caía de canto cuando las monedas no valían ni un duro. Se quieren tanto, que el cobijo es suficiente. Estar amainando tormentas en cuerpos ajenos se ha convertido en deporte olímpico, nadie persigue la medalla que otorgan al que más tiempo se quede, con la única y exclusiva excusa de saber permanecer. Se quieren tanto, que forman una revolución. Nadie hace caso a sus principios cuando empiezan a pensar en un final. Todos tenemos muy claro lo que querem...

Catacumbas.

No me acuerdo de cuántas veces tuve que bajar para recordar por qué he subido. Incluso he llegado a pensar que la tristeza es necesaria y que mi último aliento no es más que ese que sale de tu boca. Estar en un lugar inferior al que ocupan los demás te enseña a ser superviviente en cada uno de ellos. Finjo que estoy triste porque ya hay demasiadas personas fingiendo lo felices que son. Y eso que sigue muriendo gente en el mundo. Me gustaría ser capaz de transformarme en cirujano por un día, abrir en dos todo aquello que no tiene sentido y vengar a todos esos gatos que murieron por culpa de la curiosidad. Si nos ponemos así, hasta la vida es una asesina. Nuestra asesina. Intento volcar el sentido de las cosas por si vuelves, por si decides que nunca estuviste más completa que aquella vez que juntos nos hicimos añicos. Porque pienso que las cosas que se rompen tienen un valor incalculable. Las perspectivas se difuminan, los para siempre se desvanec...

Apoteosis.

Eres un mar insufragable, la verdad más idónea, el momento perfecto en el lugar equivocado. No encuentro la manera exacta de llegar a ti. Me confundí con las indicaciones, seguí los pasos a rajatabla y acabé enjaulado en una cárcel de astillas. Siempre pude ver todo lo bueno, soy capaz de domesticar al vacío más inestable, ese que acojona a los invencibles. Eres inexplicable, como todo lo que casi no sucede. Pero pasas, ocurres, y el planeta se divide en dos. He superado las barreras de lo común, ya solo me queda volver a casa. No recuerdo mi hogar desde que fueron tus manos las que me guiaron hasta aquí. Olvidé el protocolo que intenté seguir para olvidar. Perdí la esperanza por no perderte a ti. Lo que realmente deja mal sabor de boca es lo que no te llegas a comer, y mis colmillos no saben gotear otra sangre. Soy todo corazón, raciones de tripas y secuelas en los párpados. Veo feliz al que no lo es del todo. Sonrío a la persona más triste del...

Huida.

Ella en la flor de la vida y yo cazando mariposas, protegiéndonos de cualquier estado anímico conceptual que pudiera asimilarse o tener algún parecido común a lo que llaman amor. Que no tengo ni idea, pero el camino se hace largo y de vez en cuando tropiezas con buen pie. Estábamos lejos, pero gritándonos cosas al oído. Con lo que me gusta a mí que me susurren cosas al corazón. Recuerdo que me hizo varias preguntas y yo no respondí ninguna con sinceridad. Me sabía las respuestas de memoria y aun así opté por causar un diluvio que se llevara todo lo que estaba regocijado en las entrañas. Me hizo sentir vivo y fue un gesto bastante feo por su parte, o al menos, eso pensamos mayoritariamente los que acostumbramos a morir de vez en cuando. Muy a menudo me salto los límites, encuentro un orden capaz de situarme en una opción incorrecta a la hora de dar un paso, por muy unánime que sea. Ya no voy dando saltitos de alegría cada vez que fantaseo con sueños ajenos. La cogí de la mano y quemaba,...

Sí.

Sí a todo, sí rotundo. Sí a que me haga cosquillas. Sí a reír del bien del vecino, aunque el tuyo se quede por el camino. Sí a que me la ponga dura. Sí a aceptar a un gobierno, sí a que un gobierno nos acepte a nosotros. Sí a pertenecer a algo mayor. Sí a formar parte de algo minúsculo. Sí a que nos rompan, sí a que nos reconstruyan. Sí a tirar abajo hogares, sí a levantar imperios. Sí a las películas porno. Sí a lo impredecible, sí a que lo veas venir de lejos y ya no quieras que se marche. Sí a las abstenciones, sí a los sí porque sí. Sí a que nos dividan. Sí a que nos duela. Sí a que nos sane, sí a que nos sacie. Sí a los controles de alcoholemia. Sí a ser ratas de laboratorio, sí a que las ratas de laboratorio acaben devorando a los científicos. Sí a equivocarnos, sí a no aprender del todo de nuestros errores. Sí a que nos elijan. Sí a cumplir las expectativas. Sí a naufragar, sí a derrumbar el barco, sí a las islas desiertas. Sí a morir de algo, sí a viv...

Rompemoldes.

No sé por donde empezar. ''Quiero ser feliz''. Sí, creo que es una buena manera de hacerlo. Mientras lo pienso no estoy triste. Se supone que ir hacia una meta es coger una escalera o ascensor hacia arriba, y caminar triste hacia ellas es ir cuesta abajo. Tómate tu tiempo, que te espero. No tener nada mejor que hacer es un suicidio, y una putada. Deberíais hacedme caso, que estoy como una puta cabra. De qué me sirve poner en orden una catástrofe si luego una breve brisa me desequilibra. Y muchas veces se me acelera el pulso, os lo juro. Yo no controlo, no soy yo quien lleva las riendas. Me las ha robado, y no creo que venga en son de paz a devolvérmelas. Quiere algo a cambio. Mi vida. Ojalá. Estoy siendo muy peculiar, ¿a que sí? Joder, es que así tampoco hay quien sea diferente. No se puede ser diferente si no sientes algo distinto. Los helados de nata saben todos iguales. Deja de comer, que te vicias. Es que no puedo parar. Siempre la misma excusa de mierda. Al final t...

Marca páginas.

Nunca supimos que hacer con los quehaceres. Ahora solo somos como plantas que brotan en sentido contrario al sol. Renunciábamos porque el decir sí a lo que nos hace daño nos mostraba vulnerables. Siempre fuimos más de dar miedo. Hay personas que juegan con la consciencia inocente de que, el dolor, es el fruto que te hace fuerte por dentro mientras estás hecho mierda por fuera. Y así no hay quien sobreviva. Rompimos el puzzle porque llevábamos a rajatabla la idea de que lo que está completo no se adorna por si se estropea. Y ahora que estamos tristes tenemos muchísimas más posibilidades de que nos hagan felices. El trato era ese, devastador e ingenuo, como una manada de lobos que se disuelve para abarcar más terreno y así dar caza a la presa. Nos invadió la incertidumbre de poseer menos de lo que quisimos tener por si venía algún loco de remate a hacer trizas nuestros pensamientos. Ya sabéis, por eso de que si lo ordena otro luego no lo encuentras. Imaginaros que pasa lo mismo con el c...