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Apoteosis.

Eres un mar insufragable,
la verdad más idónea,
el momento perfecto
en el lugar equivocado.

No encuentro la manera exacta de llegar a ti.
Me confundí con las indicaciones,
seguí los pasos a rajatabla
y acabé enjaulado en una cárcel de astillas.

Siempre pude ver todo lo bueno,
soy capaz de domesticar
al vacío más inestable,
ese que acojona a los invencibles.

Eres inexplicable,
como todo lo que casi no sucede.
Pero pasas, ocurres,
y el planeta se divide en dos.

He superado las barreras de lo común,
ya solo me queda volver a casa.
No recuerdo mi hogar desde que fueron tus manos
las que me guiaron hasta aquí.

Olvidé el protocolo
que intenté seguir para olvidar.
Perdí la esperanza
por no perderte a ti.

Lo que realmente deja mal sabor de boca
es lo que no te llegas a comer,
y mis colmillos no saben
gotear otra sangre.

Soy todo corazón,
raciones de tripas
y secuelas en los párpados.
Veo feliz al que no lo es del todo.

Sonrío a la persona
más triste del mundo.
Le prometo que existe,
la felicidad existe.

Te quiero mientras tanto,
te quiero mientras todo.
Abogo ante tus defectos,
lloro tras tus virtudes.

Te pienso mientras la vida,
te detecto tras mi corazón.
Te proclamo creadora
de un sastre que solo sabe descoser.

Parpadeo mientras deshojas margaritas,
una vez un sauce me llamó llorón.
Cruzo las puertas sin permiso,
pido perdón cuando no siento.

La cura está en la enfermedad,
o eso gritan mis heridas.
Abrí una brecha hacia tu cuna,
para mecer a tus inseguridades.

Eres madre de mis impulsos,
profesora de mis cicatrices,
por lo general
he cometido mil delitos.

No es crimen si falta el asesino,
no existe persona
que no sienta
soledad.

El rencor se niega a guardar sentimientos,
desde ese entonces,
abro el baúl de mis recuerdos
para ver cuántos he matado.

Algo muere si lo malgastas,
si no le das la opción de mejorar
tras bambalinas,
debajo de las piedras se recoge bienestar.

Formé un escándalo
a medida que mi cuerpo solapa
todos los planos posibles
para cumplir su desaparición.

Y desaparece
en el lugar que esperaba,
en el lugar más inesperado,
qué bonitas son las alas del diablo.

El momento devastador.
Indudable, inconfundible.
Como todo lo que te pasa
una vez en la vida.

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