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Ya no quiere ser fuerte.

Ya no salta. Piensa que se ha hecho mayor y que ya nadie quiere jugar a ser el astronauta que va saltando sobre sus lunares. Dice que está triste, que el mundo está triste. Y eso la hace estar más triste aún. Se le ha escapado una sonrisa, corred y pedid un deseo. Deseo no estar aquí. Deseo ser libre atada a sus brazos. No me acuerdo, pero era preciosa. Y educada, siempre me preguntaba si quería echar otro. Adivinadlo, no estoy hablando de pitis. Cuando el sol se pone su mundo se agita, se vuelca, se consume. No se siente capacitada para vivir sola, y define sola: sin ti. Mira por la ventana buscando excusas, un viento que venga con propósitos y dos cojones para reformar su corazón, su cajita fuerte. Grita a sabiendas de que no la escuchan, pide auxilio en voz baja porque no quiere que nadie la suba a su espalda. Le dan miedo las alturas, pero volar es su hijo pequeño, el amor arcano del que no ve sólo porque no quiere ver. Hace laberintos en su mente, se pierde por un mundo que...

Equi(distancias)

Hay un hombre desesperado porque ha perdido el tren, un reloj que se siente inútil: porque no puede cumplir cuando alguien desea que se pare. Semáforos en rojo, peleándose con la multitud. Tú al final, yo al principio. A ver si te alcanzo. Cuatro callejones lloran porque no hay luz que los aguante. Tres hojas caídas ven imposible el camino de vuelta a casa. Dos, quién diría que tú, quién apostaría porque yo, no nos crucemos en alguna vida. Una, ya mayor, fuerte y fría. Absurda la gritan. Culpable, de que los calcetines pierdan su par y no volvamos a encontrarlo. Obsesionada, porque tú por tu camino y yo por el mío, cuando el nuestro le da mil vueltas. Catástrofe, porque después de un sí, vienen treinta no. Infantil: el cuento que te cuentan cuando eres pequeño y no quieres creerte lo que pasa al final, porque es triste. Paraíso, cuando la superas y dices a tomar por culo en voz alta. Nerviosa, tú...

Casi acierto, 43.

He tenido que dejar atrás al rencor, para que cuando me alcance sienta que me acaba de conocer, de nuevo. He tenido que colgar de un rascacielos para sentir miedo, para sentir miedo y que no sea a tu adiós. He tenido que caminar solo por la playa para intentar equivocarme, para convencerme de que has estado,                                                            así en pasado. He tenido que cambiar las cosas de sitio, para que esta vez no me recuerden a ti, o sí, pero no conmigo. He hablado con la luna y esta noche no pasa a buscarme. He tenido que descoserme las heridas porque ya no escuecen si no eres tú quien me las cura.  He tenido que prometer que seré fuerte, que volveré a mirar al frente, que conseguiré ver más allá de lo que dejaste. He tenido que contar los días q...

Razón 46 para equivocarse.

Se la oye palpitar a lo lejos. Está nerviosa, no sabe qué hacer pero sabe perfectamente lo que debería hacer. Y no lo hará. Porque tú no quieres que lo haga. Porque no quiere hacerlo. Porque uno mas uno son dos y ella pierde la cuenta cuando no estás a su lado. Y claro que tiembla, tiembla tanto que hace frío allí, donde no quieres que se vaya. -dame la mano, voy a llevarme al lugar más maravilloso del mundo-. Y no se sueltan. O es lo que imaginan. Su pulso se acelera. Alguien de dentro quiere salir pero el semáforo lleva demasiado tiempo en rojo. No se atreve a cruzar, a caer, a levantarse. No quiere mancharse los pies de barro, ni jugar a ser la princesa del cuento que jamás le contaron. Pero allí está, con las manos en la cabeza, pensando en el maldito gato negro con el que se había debido cruzar sin darse cuenta. Bendita mala suerte. Está borracha, pero de algo que no es alcohol y aun así te sigue matando poco a poco. O eso cree. Porque no hay salidas que no la lleven a la puerta p...

Propiedad de un sintecho.

"Quiero que seas la letra pequeña de todos los contratos que me quedan por firmar." Hacerme mil preguntas y que todas sus respuestas acaben en el portal de tu casa. Quiero aprender a besar el cielo   de nuevo contigo. Saber qué es: sentir que estás solo cuando no estás solo.  Ser capaz de volar y no con mis propias alas. Porque a tu lado sé que huir es salir corriendo en dirección contraria.  Es abrir una puerta donde había una señal de prohibido el paso. Quiero tener un motivo por el que remar, un barco, un sol, un barrio lleno de jardines preciosos. Estar en ti, y que las conclusiones se vayan a otra parte. Quiero regalarte motivos para que frenes, para que te dejes caer, pero hacia arriba. Y también, también quiero ser ese pequeño huerto donde cultivas tus mañanas. Quiero temblar de seguridad, hacer croquetas y ponernos perdidos de harina. Quiero tener una ventana ...

Me dan miedo los aviones.

De pequeño me preguntaba cómo sería de mayor. Y ahora que soy un poco más mayor, me pregunto si todo hubiera sido exactamente igual si no hubiera escrito alguna vez lo que siento. Si, casi sin querer, nunca hubiera tirado aquella comida al suelo para alimentar a un perro o a un gato. Todo sería un poco diferente, si ni siquiera hubiera escuchado al silencio a las 4:00 de la mañana, si el tic tac de un reloj nunca hubiera agujereado mi mente cuando yo no encontraba la llave maestra. Lo recuerdo, recuerdo cosas que se me olvidaron en casa, recuerdo cartas que nunca envié a ciertas personas por miedo a que no fueran respondidas. Ahora las cosas son así, pero, y si nunca se me hubiera caído nada de los bolsillos, o simplemente no hubiera andado por callejuelas que no tenían música, sentido, o salida. Tal vez habría sido mejor persona, o mis miedos no habrían organizado aquella manifestación que pude impedir y no lo hice. O gritar, y si nunca hubiera gritado. Y si tampoco hubier...

catálogo de personas.

Estoy seguro de que hay personas queriéndose más de la cuenta sin importarles el daño, peso, o casualidad que eso conlleve. Estoy súper convencido, el amor no es algo que se pueda medir y sin embargo le tratamos como a un niño pequeño. Es cierto que tenemos dos partes: la nuestra, y la que regalamos porque creemos que la otra persona la va a tratar o aprovechar mucho mejor que nosotros. También hay dos tipos de miedos: al que tememos y al que no. Y eso os lo explicará alguien sin deciros nada, solo marcando y estando. Soy de los que creen que nos equivocamos cuando creemos que las cosas están bien, porque seguro que podrían ir mucho mejor. Catalogo a las personas como conformistas, nos pongo un cinco en la nota y bueno, está bien. Pero qué sería tener un ocho, un nueve, diez.. Lo que quería deciros es que a veces nos conformamos con un poco de equilibrio porque no queremos meter más peso de la cuenta para que no balancee la cuerda y acabe por romperse. También soy de los muchos que ...