Ir al contenido principal

Propiedad de un sintecho.

"Quiero que seas la letra pequeña
de todos los contratos
que me quedan por firmar."

Hacerme mil preguntas
y que todas sus respuestas
acaben en el portal de tu casa.

Quiero aprender a besar el cielo 
de nuevo
contigo.

Saber qué es: sentir que estás solo
cuando no estás solo.
 Ser capaz de volar
y no con mis propias alas.

Porque a tu lado sé
que huir es salir corriendo
en dirección contraria.
 Es abrir una puerta
donde había una señal de
prohibido el paso.

Quiero tener un motivo
por el que remar,
un barco,
un sol,
un barrio
lleno de jardines preciosos.

Estar en ti,
y que las conclusiones
se vayan a otra parte.

Quiero regalarte motivos
para que frenes,
para que te dejes caer,
pero hacia arriba.

Y también, también quiero
ser ese pequeño huerto
donde cultivas tus mañanas.

Quiero temblar
de seguridad,
hacer croquetas
y ponernos perdidos de harina.

Quiero tener una ventana
por la que escaparme de vez en cuando,
un pasadizo secreto hasta tu habitación
y una escalera
hacia un lugar
donde podamos construir
castillitos de plastilina.

Quiero volver,
sentir(te) mi hogar.
Que sepas en qué cajón guardo
los calzoncillos
que eches el pestillo
por las noches.


No empieces algo si no lo vas a terminar,
pero dime tú cómo pongo fin a una película
que ni siquiera ha comenzado.

Comentarios

Entradas populares de este blog

A mi pesar.

 Me ha tocado ser indeleble. Adoptar al viento por la envidia del levante y la ley de la atracción que supone manejar el campo de visión que se me otorga a casi trescientos sesenta grados. Nunca tengo la periferia cubierta del todo. Siempre hay un atisbo, un espejo en ángulo muerto, un visor retro que me dice hasta cuándo estuve y la escala del cómo.  Ahora me ha dado por diseñar gráficos para comparar mi vida y obtener las malditas analíticas de cuánto he mejorado desde que nos despedimos. Lo jodido es que lleva casi un año sin actualizarse porque no tengo tiempo para pararme a pensar. Estoy mejorando, pero no sé medir la velocidad ni los peldaños. No sé en qué flaqueo ni lo que supero con creces. Mi vida es una expectativa. La realidad es que estoy cómodo, no sufro de más pero no dejo de sentirme insuficiente. La diferencia es que es muy diferente. Antes tendía a echarme a llorar y ahora suelo atenuar la importancia hasta alterar la indiferencia que me causa con respecto al ...

La rueda.

Me niego a pensar que no. Quiero decir, en la posible ficción que se crea en tu rubor y mi asfixia. No puedo ejercer con tanto jugo. Hace unos días, pensaba en los demás, en sus ojos. En lo que ven, lo que captan, lo que observan. Y no son tan capaces como nosotros. Porque si tiro más del hilo, encuentro una punta anudando a otra, un extremo consolando a su reverso. Y no es así como las distancias se plantean. Hay veces que uno las atora, las diversifica de tal manera que uno conversa con la interperie y uno reflexiona a gusto del consumidor. ¿Cuánto tiempo debemos mirarnos? Un segundo, uno, y ya han pasado veinte. Si intento materializar el éxito que supone pasear en ti, con tus puentes y cornisas, mantendría un fin arquitectónico y una deuda posiblemente insaciable hasta el resto de mis días. Me refiero, esta atracción ya no cabe en mi mesita de noche. Me devuelvo al lugar donde empecé y me dibujo, sentado, mientras te explico cómo funcionan los literatos y el romanticismo, que el si...

Ya no quiere ser fuerte.

Ya no salta. Piensa que se ha hecho mayor y que ya nadie quiere jugar a ser el astronauta que va saltando sobre sus lunares. Dice que está triste, que el mundo está triste. Y eso la hace estar más triste aún. Se le ha escapado una sonrisa, corred y pedid un deseo. Deseo no estar aquí. Deseo ser libre atada a sus brazos. No me acuerdo, pero era preciosa. Y educada, siempre me preguntaba si quería echar otro. Adivinadlo, no estoy hablando de pitis. Cuando el sol se pone su mundo se agita, se vuelca, se consume. No se siente capacitada para vivir sola, y define sola: sin ti. Mira por la ventana buscando excusas, un viento que venga con propósitos y dos cojones para reformar su corazón, su cajita fuerte. Grita a sabiendas de que no la escuchan, pide auxilio en voz baja porque no quiere que nadie la suba a su espalda. Le dan miedo las alturas, pero volar es su hijo pequeño, el amor arcano del que no ve sólo porque no quiere ver. Hace laberintos en su mente, se pierde por un mundo que...