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Periféricos 34 y 47.

Nos han robado la energía de un mar irrevocable. Bucaneros cargados de pólvora explotan un atardecer. Sé más de mí por cómo que por cuánto. He llovido tardes que olían a sangre antes que a jazmín. Me he dibujado el contorno de la risa de un domingo y he tarareado las comisuras de tu estirpe. Nos han exiliado del recuerdo y del país donde morimos. Porque hemos muerto más veces de las que escribí y la intuición me ha contado verdades que nadie abre. No duermo entre leones desde que mi casa es horizonte y he perdido el miedo a los monstruos desde que de ti nace mi hogar. Pero sigo echando tanto de menos los soles que se entrecierran a la hora exacta en la que un gallo empieza a perder la voz. Solía decir que me conformaba con verte resurgir de las cenizas del fénix al que acosamos por placer. Horas y horas de amotinamiento que carecen de subcauces que nos lleven al destierro del frágil y redondo o plano y desconocido. No hay cielo que por pobre se nuble ni cen...
Sube un poco el volumen: vamos a no hacernos ni caso. Ya sé que lo mejor está por dimanar. ¿Cuántas veces me lo repitieron? Probablemente no más de todaslasqueperdí . Hoy no he visto a nadie en ningún callejón, pero he visto muchos callejones en algunas personas. Las luces apagadas, fundidas, desgarradas; el cielo inhabitado, andrajoso y perturbado. Un día me volví loco y escuché aplausos cada hora, cada día, cada vida. Debían de estar celebrando mi asalto, la llegada de aquel inconsecuente frente el sistema establecido y, seguramente, el idilio de un caparazón ante el secuestro de la piel. Supongo que alguna vez habremos pensado en estirar el tiempo y, lo más probable, sea que no hayamos conseguido contar los segundos con tanto delay. Todo lo hice para abrazarte más la hiel. Aunque todo esto solo siga ocurriendo en mi cabeza. Puede que lleguemos a imaginar todo el cine y las películas rodadas en soledad, o que vivamos una crisis burocrática inferior al qué se yo. Quizás deba...

Pon tú el título.

Nada. Todo eso es lo que queda. Nada Aún no entiendo cómo salen palabras si no existen, si no crearon suficientes, si he apagado el motor. Apenas un piano estalla y sabe nombrar lo que no lloro. Mi silueta hace intentos de tocarme y no la dejo, porque sombra solo hay una por luz que la dibuje. No quedan tantos focos aquí abajo. Al menos, de risa y ojos tienen material. ¿Qué pensaran aquellos que no piensan? Tenemos un contrato que no vamos a romper, una tenue exclamación que cesa y no para. No separa. Sabe mal en cuanto a brechas que discurren por el río de la escasez, no soy capaz de atar el hilo que defiende a tu cordura. Puede ser que otro sea lo que yo. Que otro escriba lo que yo. Que yo no sea nunca uno de esos. Qué intermedio merecen los humanos que no arrebatan, que no huyen del concilio que nos esfuma y atrae. ¿Acaso no es el humo un antidisturbio? Precaución sobre las masas que no caen frente a lo pesado que es el viento. He buscado a otras en tu cami...

Reivindicación por lo de nadie.

No me dejan virtualizarme con los demás, piden a gritos golpes de silencio, la paz estará en vuestra sangre derramada, ni antes,               ni después. Hay ocho siglos de diferencia entre tu pensar y el mío, porque ya hace tiempo que dejé morir los parásitos que masticaron mi carne. Podré pedir perdón siempre que avance hacia el filo de lo anormal, de jabón habría que hacer las pompas que maltratan al humano y al que no lo es tanto. Mendigué a las tres de la tarde el bocata que me comí en la plaza a la que me llevaron después de salir del hospital que otro construyó, habiéndome podrido por fuera -porque por dentro ya no compito-, los traumas que de mí hicieron polvo. Creo en la verdad porque nunca la he dicho y menos, pronosticado en milésimas de los segundos que jamás quedarán primeros. Tengo hambre pero no basta con comer. Tendría que apuñalar las hojas que no caen de los árboles que regá...

Las quincenas que me debo.

Empiezo a pensar que el futuro destiñe. Que todo aquello que nos sostenía o que quiso sostenernos, ha decidido tomarse un descanso. Lo que me da miedo, es pensar: ¿hasta cuándo? No creo que exista lamento suficiente para llorar toda travesía.  No existe, ni siquiera un quizá para tanta respuesta obvia descifrada en un lavabo. No existe. Preparo la voz para susurrar y repito: '' No existe ''. Todo el tiempo que he guardado para mí, lo he usado para vaciar la despensa. He pintado caras con otros nombres y otros cuerpos. Una luz no quiso apagarse tras yo pedirlo. No. Ni siquiera el humo de los fuegos donde puse la mano. El rasgado cielo niega los siete que he subido y aún no alcanzo. Diez.

Día mundial de la Poesía.

Hace unos meses escribí un poema destinado a otro. La complejidad que existe y requieren los términos abstractos y los sentimientos que pueden manifestarse ante la oposición de la vida. Lo inerte siempre ha sido menos frágil en manos de un tercero, así que yo espero que os confundáis de habitación y esta noche os quedéis a dormir en un recital. Os lo dejo por aquí: ''He compuesto un poema que trata de cómo escribir un poema sin saber cómo se escribe un poema. Me infieren a la cabeza nociones sin tenerlas, sin ser mías, solo las transcribo en playback . Las ideas no son del ser humano, es un ente imparcial quien las emite. Sacrifica formas psicodélicas de contagiar la grandeza que se palpa con el filo más agudo de la mente. No somos intelectos pensantes sino aparatos multimedia, cacharros cargados de amnistía. El ser humano es el culpable de que el perdón exista. Escribir un poema es delgado, delicado, « que bran ta ble ». Tan versátil como acarici...

Letras es cuarentena.

Hay un sonido monótono que, alba tras alba, ilumina la oscuridad de la calle. Podría decirse que se esconde entre las ruedas de los automóviles y nos da a elegir entre la acera y la calzada. Ambas están empapadas del mismo frío que disfraza a la atmósfera. El silencio no necesita armas de cuchillo ni fogueo precipitado, antes de pulsar cualquier gatillo, ya podría haber matado a algunas personas. Los días son interminables pero insuficientes, como si nuestra necesidad llevara el mismo nombre de la persona que la condenó. Agachando la cabeza vi a un hombre paseando a su perro y, si la levantaba, veía un sueño hecho pesadilla. Días comunes como ningún otro, en los que el sol tiene miedo a asomarse si no ve a nadie y donde las nubes no dibujan figuritas, ya que el viento no las lleva a ninguna parte. Hacía un día precioso y no había nadie para cuestionarlo.  Para que un segundo pasase, debía presentarse como perdido y las ventanas, eran cárceles de amor y creativ...