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Trocitos de mi en canciones.

He abierto el cajón.Hay mogollón de desastres y telarañas, y la verdad es que no es lo que to me esperaba encontrar. La monotonía de mi sonrisa dibujaba curvas hacia abajo mientras mi cabeza recordaba haber guardado alguna que otra sonrisa. Joder, casi todo está roto. Hay fotos viejas y borrosas. Hay un sí que en realidad quería decir no, porque está tachado. Alguien ha entrado aquí, ha dejado su huella por toda mi vida y ya no está. Se ha ido. Hay recuerdos agujereados, como si lo hubiesen hecho aposta. Ver esto duele, todo es como basura y miles de taxis a los que un día subí para no ir a ninguna parte. Algo he tenido que hacer mal y no sé qué. Será que no habré querido lo suficiente. Porque yo sé que es eso de no ser suficiente para alguien. Ya me lo decían, si quieres una mano empieza por tu brazo, poco a poco irás trazando una línea y aquí estaré yo, con el bolígrafo entre los dedos haciendo el tonto, esperando que tú te cruces con la mía.

Vuelve a hacerme daño.

Creo que no es justo todo esto. A veces pienso que también me merezco un mundo, una sonrisa, una respiración que me haga el boca a boca cada vez que me deje sin aliento. Qué coño está pasando, por qué cada vez que me asomo a un precipicio resbalo y me hago daño. Tengo dudas sobre si existirás en algunos ojos. Si te gusta el café, y te invito a quedarte a vivir en los míos. ¿Me das la mano? Pero aprieta, quiero saber qué se siente cuando crees que no te van a soltar nunca. Quiero que cojas piedras y las pongas en mi camino. Que respires y sientas que estoy haciendo lo mismo en algún lugar de este mundo.  Que no es tan malo estar solo, si alguien lo está contigo. Suena bonito compartir la soledad con alguien, hasta que le entre la prisa y sea el viento el que gane esta guerra.  Otra vez, vuelve a hacerme heridas que no cicatricen. Quiero sentir que existo gracias a ti. Que mi único miedo sean tus miedos, y entre ellos esté llegar al único sitio donde los poetas no alcanzan. Solo...

Lo bonito de lo triste.

A escribir se aprende escribiendo, o eso me dijeron. Lo que todavía no tengo muy claro es que si de verdad a querer también se aprende queriendo. Pero tú déjame pensar que es así. Sabes, a veces la soledad es la única cosa que encuentras cuando no la buscas. Y yo aun me acuerdo de tus latidos a compás de piano, de tus ojos camuflados entre desiertos culminamos de oasis. Te susurraba despacio sin tenerte delante: nárrame cada noche lo que avanzamos cada día, que un paso en falso salido de tu boca no debe ser tan malo. Bésame las heridas, haz de mi cuerpo una caja fuerte y quédate las llaves, claves y contraseñas. Me hiciste querer como nunca, romperme como nunca  y echarte de menos, como siempre. Como si lo hubiese hecho toda la vida, como si te hubiese estado esperando siempre. Y dime, dime cuánto desearías que se quedara aquello con lo que siempre soñaste, hasta qué punto le pedirías que te hiciera feliz. Ojalá me equivoque y no seas tú el amor de mi vida. Que si no, estas maripos...

Entrada sin título.

Tanto y tan poco nunca fueron de la mano. Me parece nefasta la idea de intentar esperarte un poco más de lo que ibas a tardar en no llegar nunca. Y siempre así. Como si al sonreír me prometieras que el mundo si que se acabó en el momento que decidiste continuar mi línea, torciéndola y llevándola a cualquier callejón sin salida. Pero allí nos íbamos a querer. Donde nadie nos viese, donde el cielo se acabara y tus lunares dejaran de ser los planetas que formaban mi universo favorito. Para qué estampar en el recuerdo algo si cada vez que lo imagines te va a hacer añicos. No todo el mundo tiene la suerte de rozarte y dejarte sin aliento; yo solo te vi pasar y precisamente ahí decidí dejar de respirar. Hacía tiempo que no escuchaba lo que mi corazón no me decía. Y ahora ya entiendo al silencio, cuando te grita intentando avisarte del mayor accidente de tu vida, ese que deseas que te pase y por desgracia, pasa tan deprisa que no te da tiempo a saber si te ha pasado, o nunca se va a estrellar...

Desátame los miedos.

Aprendí a jugar con el fuego de tal manera que acabó gustándome la sensación de terminar convertido en cenizas. A saber que después de todo nos llevaríamos algo el uno del otro, aunque no siempre a todo el mundo le corresponda la misma parte. Y en este caso, te tocó elegir a ti. Poco se habla de lo que dejamos a medias, de lo que no se habla, del te va a doler si lo grito con la misma fuerza que tiene lo que no quiero pronunciar. Porque eso, eso me va a doler a mí. Estás a tomar por culo de kilómetros y aún así siento escalofríos cuando me noto sin ti, cuando duele ahí,  justo donde no estás. Desátame los miedos, deja que huyan y busquen cobijo en algunas mejillas de cara al sol. Nos hicimos polvo cuando el invierno decidió ponerle un grado menos a todo esto. Maldita sea, no sabes el mal sabor de boca que deja no terminar una historia como se merece. Y tú, qué querías que hiciese, si yo solo no supe quererte. A ti te dejé el resto, el resto de mi vida y un par de...

Bajo cero.

Apostaría y empezaría todo esto por el final, pero  las cosas se complican si tu ya no estás en mis finales. Si ya después de despedirnos no miras atrás por si yo también  lo hago. Porque lo hago.  Las cosas tropezaron cuando, por inercia, dejaste de ver al mundo como  nuestro reflejo al pisar un charco.  Nos hicimos polvo cuando  el invierno decidió ponerle un  grado menos a todo esto, cuando el brillo de tus ojos  se disfrazó de querer seguir aquí, mientras todo el resto de tu cuerpo había salido corriendo.  Porque el hielo quema, y tu risa da vida.  La suerte habla por ahí de ti, y vaya si da envidia.  Empezar por querer, y querer acabar por quererse.  Ojalá el amor fuera poesía, chocolate, películas y palomitas.  Y no tú, ni las caricias porque sí. Me cuesta mirar a través de ti, y si te quitas del medio me quedo ciego. Será cierto que no quise darme la vuelta, pero es que tu paisaje era tan bonito. No sé, por estas co...

no sé.

El otro día me puse a pensar en la de mierdas que podría escribir una noche como esta, y solo pude sacar ciertas cosas que me duelen, aquí dentro. No estoy seguro de lo que se puede llegar a sentir cuando te falta una persona, lo que si sé es que sin ella, tus heridas no cicatrizan. Estás rodeado de gente y sólo quieres ver su rostro, o imaginar su risa entre los susurros del viento levantando su flequillo. Las muecas eran marcas de destrucción, y sus lunares, puntos que equidistaban del centro del universo a una potencia capaz de acabar con cualquier corazón que se pusiera por delante. Los trenes se detenían cuando estaban a punto de colisionar con sus costillas, y el miedo; se convertía en una cara opuesta a lo que viene siendo la tristeza. No sé describir la sensación que te entra por debajo del ombligo y te recore beso a beso, cada trozo de tus huesos laten al compás de un corazón que no te da la vida. O si, pero de una forma muy distinta a su manera de decirte que er...