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Lo bonito de lo triste.

A escribir se aprende escribiendo,
o eso me dijeron.
Lo que todavía no tengo muy claro es que si de verdad a querer también se aprende queriendo.

Pero tú déjame pensar que es así.

Sabes, a veces la soledad es la única cosa que encuentras cuando no la buscas.

Y yo aun me acuerdo de tus latidos a compás de piano,
de tus ojos camuflados entre desiertos culminamos de oasis.

Te susurraba despacio sin tenerte delante:
nárrame cada noche lo que avanzamos cada día,
que un paso en falso salido de tu boca no debe ser tan malo.
Bésame las heridas, haz de mi cuerpo una caja fuerte y quédate las llaves, claves y contraseñas.

Me hiciste querer como nunca, romperme como nunca 
y echarte de menos,
como siempre.

Como si lo hubiese hecho toda la vida,
como si te hubiese estado esperando siempre.

Y dime, dime cuánto desearías que se quedara aquello con lo que siempre soñaste,
hasta qué punto le pedirías que te hiciera feliz.

Ojalá me equivoque y no seas tú el amor de mi vida.
Que si no,
estas mariposas y yo vamos listos.

Ojalá algún día te sientas querida por tus monstruos como lo hicieron los míos.
Ojalá el desastre te pille por sorpresa,
y te contagie la vida.

Y formes parte de una ciudad preciosa,
te pida consejo sobre el amor y solo sepas decirle que no existe,
que solo son personas cogidas de la mano y eso le quita sentido a la vida,
supongo.

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