Ir al contenido principal

Lo bonito de lo triste.

A escribir se aprende escribiendo,
o eso me dijeron.
Lo que todavía no tengo muy claro es que si de verdad a querer también se aprende queriendo.

Pero tú déjame pensar que es así.

Sabes, a veces la soledad es la única cosa que encuentras cuando no la buscas.

Y yo aun me acuerdo de tus latidos a compás de piano,
de tus ojos camuflados entre desiertos culminamos de oasis.

Te susurraba despacio sin tenerte delante:
nárrame cada noche lo que avanzamos cada día,
que un paso en falso salido de tu boca no debe ser tan malo.
Bésame las heridas, haz de mi cuerpo una caja fuerte y quédate las llaves, claves y contraseñas.

Me hiciste querer como nunca, romperme como nunca 
y echarte de menos,
como siempre.

Como si lo hubiese hecho toda la vida,
como si te hubiese estado esperando siempre.

Y dime, dime cuánto desearías que se quedara aquello con lo que siempre soñaste,
hasta qué punto le pedirías que te hiciera feliz.

Ojalá me equivoque y no seas tú el amor de mi vida.
Que si no,
estas mariposas y yo vamos listos.

Ojalá algún día te sientas querida por tus monstruos como lo hicieron los míos.
Ojalá el desastre te pille por sorpresa,
y te contagie la vida.

Y formes parte de una ciudad preciosa,
te pida consejo sobre el amor y solo sepas decirle que no existe,
que solo son personas cogidas de la mano y eso le quita sentido a la vida,
supongo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

A mi pesar.

 Me ha tocado ser indeleble. Adoptar al viento por la envidia del levante y la ley de la atracción que supone manejar el campo de visión que se me otorga a casi trescientos sesenta grados. Nunca tengo la periferia cubierta del todo. Siempre hay un atisbo, un espejo en ángulo muerto, un visor retro que me dice hasta cuándo estuve y la escala del cómo.  Ahora me ha dado por diseñar gráficos para comparar mi vida y obtener las malditas analíticas de cuánto he mejorado desde que nos despedimos. Lo jodido es que lleva casi un año sin actualizarse porque no tengo tiempo para pararme a pensar. Estoy mejorando, pero no sé medir la velocidad ni los peldaños. No sé en qué flaqueo ni lo que supero con creces. Mi vida es una expectativa. La realidad es que estoy cómodo, no sufro de más pero no dejo de sentirme insuficiente. La diferencia es que es muy diferente. Antes tendía a echarme a llorar y ahora suelo atenuar la importancia hasta alterar la indiferencia que me causa con respecto al ...

La rueda.

Me niego a pensar que no. Quiero decir, en la posible ficción que se crea en tu rubor y mi asfixia. No puedo ejercer con tanto jugo. Hace unos días, pensaba en los demás, en sus ojos. En lo que ven, lo que captan, lo que observan. Y no son tan capaces como nosotros. Porque si tiro más del hilo, encuentro una punta anudando a otra, un extremo consolando a su reverso. Y no es así como las distancias se plantean. Hay veces que uno las atora, las diversifica de tal manera que uno conversa con la interperie y uno reflexiona a gusto del consumidor. ¿Cuánto tiempo debemos mirarnos? Un segundo, uno, y ya han pasado veinte. Si intento materializar el éxito que supone pasear en ti, con tus puentes y cornisas, mantendría un fin arquitectónico y una deuda posiblemente insaciable hasta el resto de mis días. Me refiero, esta atracción ya no cabe en mi mesita de noche. Me devuelvo al lugar donde empecé y me dibujo, sentado, mientras te explico cómo funcionan los literatos y el romanticismo, que el si...

Ya no quiere ser fuerte.

Ya no salta. Piensa que se ha hecho mayor y que ya nadie quiere jugar a ser el astronauta que va saltando sobre sus lunares. Dice que está triste, que el mundo está triste. Y eso la hace estar más triste aún. Se le ha escapado una sonrisa, corred y pedid un deseo. Deseo no estar aquí. Deseo ser libre atada a sus brazos. No me acuerdo, pero era preciosa. Y educada, siempre me preguntaba si quería echar otro. Adivinadlo, no estoy hablando de pitis. Cuando el sol se pone su mundo se agita, se vuelca, se consume. No se siente capacitada para vivir sola, y define sola: sin ti. Mira por la ventana buscando excusas, un viento que venga con propósitos y dos cojones para reformar su corazón, su cajita fuerte. Grita a sabiendas de que no la escuchan, pide auxilio en voz baja porque no quiere que nadie la suba a su espalda. Le dan miedo las alturas, pero volar es su hijo pequeño, el amor arcano del que no ve sólo porque no quiere ver. Hace laberintos en su mente, se pierde por un mundo que...