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Problema 84.

Yo solo quiero pasear de su mano como quien nunca dice haber tocado las estrellas.
Ver el mundo como lo hacen las personas que quieren desde el otro lado,
del lado de la compañía,
las tardes de pelis,
los cigarros de después de comer.
La quiero,
sé que la quiero porque cuando meto las manos en mis bolsillos,
soy consciente del mogollón de trozos del mundo que me quedan por descubrir.

Dicen que hay cosas -o personas- que están destinadas a no ser más que un ojalá.

Y tras tanto naufragar,
las ganas de pelear
acaban ahogándose,
y el mar es demasiado inmenso
como para ponerse a buscarlas.

Hay quien afirma que la esperanza
vive en la casa de enfrente. 
Aún podemos salvarnos,
gastar las huellas dactilares
de tanto tocarnos,
sentirnos.

Como quien perdona
y es rencoroso,
o el que vence
pero todavía le queda mucho por ganar.

Podríamos traer la primavera,
empezando por las mariposas.
Despistar al universo
acoplando sus caderas a mis manos.

Podríamos serlo todo
y decir que no somos nada,
como hacen muchos poetas.

Nunca estuve tan seguro de algo
que no tengo ni idea,
porque yo no sé querer
y sin embargo la quiero.

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