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Tanto y a la vez tan poco.

De tanto cabrearme la cabeza por querer escribir algo alucinante estoy aquí de nuevo, con ganas de soltarte miles de cosas, pero sin saber qué decir. Podría decirte que te quiero y pedirte que te escaparas conmigo hasta el fin del mundo. Pero y qué si no soy de los que escogen el camino fácil. Yo soy más de callarme todo lo que el alma me pide que suelte a toda hostia hasta que un día reviente y rompa a llorar. Voy a ser tan gilipollas que dejaré que te pires con otro sin haberte hecho saber lo que siento por ti. Sin haberte dicho que estás preciosa cuando sonríes. Lo graciosa que estás cuando pareces que vas a estornudar pero al final no. De verdad, quién en su sano juicio no perdería la cabeza por tí. Al final de todo esto siempre termino odiándome. Por mucho que intento sobrevivir conmigo mismo me acojona la idea de no tener una sonrisa amortizada esperándome al salir de las clases, al final y al principio del día. Prometo acompañarte a casa cada noche, y prometo no prometerte que estaré para siempre, porque las promesas son ilusiones, y yo las ilusiones las guardo en el cajón de los desastres, mi vida. Bueno, ya hasta paso de llamarte 'mi vida', tú vales mucho más que toda esta mierda. Y que contigo se hace un poco menos pesada, los días se vuelven más claros y las noches más bonitas. Siempre he pensado que las personas no aprendemos, nunca hemos aprendido a sobrellevar eso de que algo nos falte, y más si hablamos de alguien. Y ojalá no tengamos que perder algo para aprender a valorarlo, aunque tú me gustas mucho más que levantarme tarde. Y claro, qué sabrás tú de qué va eso de estar sin alguien, si nunca has estado sin ti.

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