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Digámoslo.

Digamos que ahora mismo me daría igual reir por todo que ponerme a llorar por nada. Y que nada me hace ilusión y todo me da igual, que esto es una mierda si no está. Cuando a veces solemos olvidar lo que nos da la gana en vez de lo que nos hace falta. Porque somos un poco masocas y nos quedamos con la parte negativa. Y cómo explicártelo.. es como si te quisiera a mi lado pero tuviera ganas de correr hacía otro sitio. Y siempre he sido más de quedarme queriendo irme, que de irme queriendo quedarme. Y llegas a ese punto en el que no lloras y eres capaz de sudar la puta tristeza. Porque tú ya no lloras, ni duermes por las noches pensando en si mañana abrirás los ojos y estará todo tal y como lo dejaste la noche anterior. Supongo que esto es como todo, unos vienen y otros van.. pero tú te quedas, siempre te quedas sin querer quedarte. Estás pero no estás, no se si me explico. Los mejores momentos se agarran de la cintura, y en esa curva me maté yo, por estar pendiente a la amortización de tu sonrisa. Digamos que tengo tantas ganas de todo, que no me importa quedarme sin nada. Pero sin ti yo no. Y luego, cojo y me derrumbo. Digamos que aprenderé a quererte así, te lo prometo. Por si te veo aparecer y se me viene el mundo encima. Prometo levantar el brazo para que me encuentres entre la multitud de la gente si algún día me vinieses a buscar. Que no hay sonrisa que dure cien años ni dolor que no se recuerde cada poco tiempo. Y bueno, digamos que, con sólo tenerte cerca, ya me sacarías de esta mierda.

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