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Nunca fuí.

Si me paro a pensar un poco en mi, la voz de fondo siempre es como la tuya. Cada vez que creo que soy un caos que no sabe dónde apalancarse, te me pones delante para indicarme la salida de todo esto. Si me paro a pensar quién soy, soy tus ganas de vivir (o de que vivas) conmigo. Y los ceros empiezan a valer algo cuando se colocan a tu izquierda. Las montañas rusas se frenan, para ver como te queda el peinado y no destrozártelo. Que ni la magia se atreve a tocarte, eres el milagro que acaba con toda la tristeza de este maldito planeta. Soy paralelo a ti, pero invisible. Algo debimos de hacer mal para que sienta todos estos gusanillos por abrazarte. En algo se equivocó toda la suerte del mundo cuando se sentó a mi lado y empezó a hablarme de ti. Y yo nunca fui un límite, una despedida no deseada, la razón de unos saltos de alegría. Pero cariño, llegaste tú y pusiste algo de color al gris del cielo, le diste forma a mis nubes que no llueven si...

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La miré a los ojos sin pedirle permiso. Abrí la puerta sin preguntar quién era. Me lancé al precipicio sin estudiar la caída y la altura era lo más parecido a intentar enseñar a alguien a querer de verdad. Y lo que sea de verdad, es conmigo. Porque si es conmigo ahí estás tú; porque si estás tú en alguna parte estaré yo. Ese día no me iba a poder permitir una excusa, una razón por la que olvidar otras muchas razones.  Pero calma, creo en las casualidades y  si esta vez soy yo quien llamo, ahí estarás tú con esa sonrisa.

173.

Qué tal si quedamos un día y buscamos ese secreto que guardan los domingos. Me da que no voy a conseguir volver a casa, que me he perdido en el portal de la tuya. A veces pienso en tu sonrisa, y me da por preguntarme si seguirá destrozándolo todo a su paso. También necesito abrir los ojos, tenerte delante, cerrarlos ciento setenta y tres veces más y, bueno, que sigas ahí. Solo eso, y que me eches de menos. Que sientas todo lo que yo siento. Incluso lo que no. Solían decirme que, a veces, alguien llega en el momento que se va, y yo te he preparado café, por si le coges el gustillo a vivir sin mi y te quedas toda la vida.

lo que yo quiero deciros.

Me duele la voz de no decir lo que siempre he querido que supiera. En cierto modo envidio a los tatuadores, por la forma en la que consiguen grabar en la piel. Algo que no se vaya con jabón, que las lágrimas no difuminen. Ojalá nunca nadie nos hubiese enseñado a olvidar, o dentro de cinco minutos olvidéis todo lo que digo. Quiero gritar para mí, que se asuste la persona que llevo dentro. Cómo se convence a uno mismo de algo que tu cabeza no soporta, que tus pies no caminan, que tu boca no podría decir nunca ni tus manos dejar de agarrar fuerte. Lo que yo quiero deciros, es que deberíamos aprender a recordar lo que no olvidamos; porque no lo olvidamos, pero no lo queremos recordar. Si algún día viniera alguien llorando, recordándome cuánto la quise, lloraría con ella. Lo que no creo que vea nunca es a ese alguien, que venga de brazos abiertos recordándome cuanto me quiso.

Trocitos de mi en canciones.

He abierto el cajón.Hay mogollón de desastres y telarañas, y la verdad es que no es lo que to me esperaba encontrar. La monotonía de mi sonrisa dibujaba curvas hacia abajo mientras mi cabeza recordaba haber guardado alguna que otra sonrisa. Joder, casi todo está roto. Hay fotos viejas y borrosas. Hay un sí que en realidad quería decir no, porque está tachado. Alguien ha entrado aquí, ha dejado su huella por toda mi vida y ya no está. Se ha ido. Hay recuerdos agujereados, como si lo hubiesen hecho aposta. Ver esto duele, todo es como basura y miles de taxis a los que un día subí para no ir a ninguna parte. Algo he tenido que hacer mal y no sé qué. Será que no habré querido lo suficiente. Porque yo sé que es eso de no ser suficiente para alguien. Ya me lo decían, si quieres una mano empieza por tu brazo, poco a poco irás trazando una línea y aquí estaré yo, con el bolígrafo entre los dedos haciendo el tonto, esperando que tú te cruces con la mía.

Vuelve a hacerme daño.

Creo que no es justo todo esto. A veces pienso que también me merezco un mundo, una sonrisa, una respiración que me haga el boca a boca cada vez que me deje sin aliento. Qué coño está pasando, por qué cada vez que me asomo a un precipicio resbalo y me hago daño. Tengo dudas sobre si existirás en algunos ojos. Si te gusta el café, y te invito a quedarte a vivir en los míos. ¿Me das la mano? Pero aprieta, quiero saber qué se siente cuando crees que no te van a soltar nunca. Quiero que cojas piedras y las pongas en mi camino. Que respires y sientas que estoy haciendo lo mismo en algún lugar de este mundo.  Que no es tan malo estar solo, si alguien lo está contigo. Suena bonito compartir la soledad con alguien, hasta que le entre la prisa y sea el viento el que gane esta guerra.  Otra vez, vuelve a hacerme heridas que no cicatricen. Quiero sentir que existo gracias a ti. Que mi único miedo sean tus miedos, y entre ellos esté llegar al único sitio donde los poetas no alcanzan. Solo...

Lo bonito de lo triste.

A escribir se aprende escribiendo, o eso me dijeron. Lo que todavía no tengo muy claro es que si de verdad a querer también se aprende queriendo. Pero tú déjame pensar que es así. Sabes, a veces la soledad es la única cosa que encuentras cuando no la buscas. Y yo aun me acuerdo de tus latidos a compás de piano, de tus ojos camuflados entre desiertos culminamos de oasis. Te susurraba despacio sin tenerte delante: nárrame cada noche lo que avanzamos cada día, que un paso en falso salido de tu boca no debe ser tan malo. Bésame las heridas, haz de mi cuerpo una caja fuerte y quédate las llaves, claves y contraseñas. Me hiciste querer como nunca, romperme como nunca  y echarte de menos, como siempre. Como si lo hubiese hecho toda la vida, como si te hubiese estado esperando siempre. Y dime, dime cuánto desearías que se quedara aquello con lo que siempre soñaste, hasta qué punto le pedirías que te hiciera feliz. Ojalá me equivoque y no seas tú el amor de mi vida. Que si no, estas maripos...