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Nunca fuí.

Si me paro a pensar un poco en mi,
la voz de fondo siempre es como la tuya.

Cada vez que creo que soy un caos
que no sabe dónde apalancarse,
te me pones delante
para indicarme la salida de todo esto.

Si me paro a pensar quién soy,
soy tus ganas de vivir (o de que vivas)
conmigo.

Y los ceros empiezan a valer algo
cuando se colocan a tu izquierda.

Las montañas rusas se frenan,
para ver como te queda el peinado
y no destrozártelo.

Que ni la magia
se atreve a tocarte,
eres el milagro que acaba
con toda la tristeza de este maldito planeta.

Soy paralelo a ti,
pero invisible.

Algo debimos de hacer mal
para que sienta todos estos gusanillos
por abrazarte.

En algo se equivocó toda la suerte del mundo
cuando se sentó a mi lado
y empezó a hablarme de ti.

Y yo nunca fui un límite,
una despedida no deseada,
la razón de unos saltos de alegría.

Pero cariño,
llegaste tú

y pusiste algo de color
al gris del cielo,

le diste forma a mis nubes
que no llueven si no es
para lavarte la cara
cada vez que lloras.

y aquí estamos:

Yo, que espero
como si algún día
fueses a predecir mi futuro
y coincida con el tuyo.

Tú, que estás tan preciosa
que pararías todos los trenes del mundo
con esa sonrisa.

Yo, que aún hablando por mi,
te describo como si
en mi piel, hubieras dejado huellas
que sirven de hogar
a todos los imposibles del mundo.

Tú, que jugándote la vida
decides quererme,
me atrevería a emborracharte,
a desvestirte
y a eclosionarte,

cualquier criptonita

desearía parar tanta magia

como lo haces tú.

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