Ir al contenido principal

Primeros trazos.

Antes hay que coger el calvario y llevarlo a otro nivel. Fundamentalmente, tenemos cinco sentidos que perder y otras capacidades cognitivas que no están a disposición de todo nuestro público. El entorno debe influir ante la capacidad creadora y transformarse en el protagonista del desvarío emocional.

Las personas que hay detrás de los textos pueden ser culpables, pero raramente son juzgadas. Casi siempre deseamos que un personaje viva y que otro muera, pero dentro de la historia se hace inmortal en la realidad que dibuja el lector. Cuando cogemos una pieza y la partimos en dos, tenemos el mismo puzzle a medio hacer que cuando era una sola. 

La ilegibilidad que posee una palabra depende del grado de importancia que le demos, por eso tendemos a pensar que estamos leyendo mientras leemos, cuando lo normal sea convencerse de que estamos viviendo mientras lo hacemos. Quizá en algún momento dejemos a un lado la historia para hacernos partícipe de lo real, porque los libros se cierran con la actividad inversa que los abrimos, pero seducidos por otro Dios al que desconocemos por completo.

Algún día me gustaría hablaros de la sensación que se apodera de nosotros cuando abrimos un libro, pero no me caben en las entrañas todo lo que sentís vosotros. Si algún allegado viene hasta aquí, cuestionándose sobre la realización de un sentido capital como pecado real, que se ponga en contacto. Sugiero crear una comunidad tan independiente que no nos aguantemos a nosotros mismos, como si fuésemos personajes de bandos enemigos en cualquier historia de la primera guerra mundial.

De algún modo, moriremos tarde o temprano y no nos daremos cuenta de que nuestra historia también está llegando a su fin.

Comentarios

Entradas populares de este blog

A mi pesar.

 Me ha tocado ser indeleble. Adoptar al viento por la envidia del levante y la ley de la atracción que supone manejar el campo de visión que se me otorga a casi trescientos sesenta grados. Nunca tengo la periferia cubierta del todo. Siempre hay un atisbo, un espejo en ángulo muerto, un visor retro que me dice hasta cuándo estuve y la escala del cómo.  Ahora me ha dado por diseñar gráficos para comparar mi vida y obtener las malditas analíticas de cuánto he mejorado desde que nos despedimos. Lo jodido es que lleva casi un año sin actualizarse porque no tengo tiempo para pararme a pensar. Estoy mejorando, pero no sé medir la velocidad ni los peldaños. No sé en qué flaqueo ni lo que supero con creces. Mi vida es una expectativa. La realidad es que estoy cómodo, no sufro de más pero no dejo de sentirme insuficiente. La diferencia es que es muy diferente. Antes tendía a echarme a llorar y ahora suelo atenuar la importancia hasta alterar la indiferencia que me causa con respecto al ...

La rueda.

Me niego a pensar que no. Quiero decir, en la posible ficción que se crea en tu rubor y mi asfixia. No puedo ejercer con tanto jugo. Hace unos días, pensaba en los demás, en sus ojos. En lo que ven, lo que captan, lo que observan. Y no son tan capaces como nosotros. Porque si tiro más del hilo, encuentro una punta anudando a otra, un extremo consolando a su reverso. Y no es así como las distancias se plantean. Hay veces que uno las atora, las diversifica de tal manera que uno conversa con la interperie y uno reflexiona a gusto del consumidor. ¿Cuánto tiempo debemos mirarnos? Un segundo, uno, y ya han pasado veinte. Si intento materializar el éxito que supone pasear en ti, con tus puentes y cornisas, mantendría un fin arquitectónico y una deuda posiblemente insaciable hasta el resto de mis días. Me refiero, esta atracción ya no cabe en mi mesita de noche. Me devuelvo al lugar donde empecé y me dibujo, sentado, mientras te explico cómo funcionan los literatos y el romanticismo, que el si...

Ya no quiere ser fuerte.

Ya no salta. Piensa que se ha hecho mayor y que ya nadie quiere jugar a ser el astronauta que va saltando sobre sus lunares. Dice que está triste, que el mundo está triste. Y eso la hace estar más triste aún. Se le ha escapado una sonrisa, corred y pedid un deseo. Deseo no estar aquí. Deseo ser libre atada a sus brazos. No me acuerdo, pero era preciosa. Y educada, siempre me preguntaba si quería echar otro. Adivinadlo, no estoy hablando de pitis. Cuando el sol se pone su mundo se agita, se vuelca, se consume. No se siente capacitada para vivir sola, y define sola: sin ti. Mira por la ventana buscando excusas, un viento que venga con propósitos y dos cojones para reformar su corazón, su cajita fuerte. Grita a sabiendas de que no la escuchan, pide auxilio en voz baja porque no quiere que nadie la suba a su espalda. Le dan miedo las alturas, pero volar es su hijo pequeño, el amor arcano del que no ve sólo porque no quiere ver. Hace laberintos en su mente, se pierde por un mundo que...