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Somos humanos.

 
 
Existe la terrible sensación de no saber qué hacer con las ganas
 de hacer algo,
de hacernos a alguien.
 
 
 
Que tampoco iba a apuñalaros por la espalda, solo he pensado en la de veces que miramos a un sandwitch antes de comérnoslo. Por cierto, vaya vacío dejan las personas que agitan tu vida. Imagináos que queréis: no cansa menos por no levantarte de la cama. He estado peleando contra la posibilidad de que alguien juegue conmigo. He de decir, también, que no me caben los sueños debajo del colchón, que mientras alguien los persigue yo los escribo. Y os los cuento, sin importarme lo más mínimo que me los robéis.
 
Me he enganchado al olor de la ropa de una chica y he sido ludópata de incontables fracasos amorosos. Guay, te tiras sin hacer lo que más te gusta, no sé, tres días y ya te dicen que eres un dejao. Hacer lo que queremos, cuando queremos, como queremos y porque queremos es nuestro yo pequeño. Espero que no sigáis llamando suerte a objetos de la suerte, que las cosas que dejáis para luego sigáis atrasándolas tanto que se os olvide: porque no eran tan importantes. 
 
También espero que os duela -un poquitín al menos- no volver a ver a alguien. Lo que pasa es que no nos pasa nada que nos haga decir: ostia tú. Y por eso estoy tan cabreado con la felicidad, porque viene con una venda en las manos y terrones de azúcar en los bolsillos. Porque mientras te endulza la vida, te tapa las cosas bonitas. Y os seré muy sincero, yo no echo de menos a alguien si existen ganas. Lo triste es que cuando no las hay no hacemos ni puto caso, miramos a otro lado y nos pudrimos, pero qué más da. 
 
 
Al fin y al cabo
somos humanos,
                           ¿no?.

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