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Aquí tampoco es.

Entonces yo debí morir mogollones de veces. Cada vez que termino un libro, me caigo, escucho mi canción favorita, abro cada paquete de palomitas y holgazaneo en el sofá para ver una peli. Incluso de las veces que miras al reloj y ves, que los números coinciden. Que todo tenía sentido, o cada vez que cualquier cosa lo pierde. No soy consciente de la de puertas que he tenido que comprar a lo largo de mi vida para llegar hasta aquí. Y las llaves siempre las perdía por el camino. ¿Alguna vez os han dicho eso de que: cuando algo se acaba, es porque te está esperando algo mejor?. ¿Quién lo decide, y si ese algo mejor no encuentra el camino a casa?. El mundo es demasiado grande para estar buscando a la suerte, a esa niña pequeña que salió detrás de un hombre con montañas de caramelos en los bolsillos. Yo sólo espero que aquellas personas que llegan muy, muy profundo, no se asusten. Lo bonito es llegar hasta el final, pero no terminar nunca. Y con esto abrir un hueco para sentarme. Porque es verdad que cansa, que te tienes que volver a levantar, para volver a sentarte dentro de un ratete. Que no todo lo que reluce es oro, que no todo tiene que ser oro para que reluzca. De lo demás no me acuerdo, era algo así como: que elijas el camino que elijas, nunca desprecies al que también lo ha elegido. El diablo a mí me ha devuelto la vida mogollones de veces, para que aprenda las cosas dos, tres, diez veces. También hay que aprender a aprender.

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