Ir al contenido principal

Dudas infinitas

Hoy me ha dado por hablar de lo triste que está el mundo. Luego pienso que quizá tenga yo la culpa de que todos sean tan idiotas. Y se me ocurre preguntarme qué sería de nosotros si no se llenaran nuestros domingos de nubes grises aunque detrás de ellas haga un sol radiante. No sé cómo hacer que me entendáis, es como si fuera necesario estar triste cuando menos deseas estarlo, no sé, si no me entendéis pues mejor. Pero os habéis fijado en lo que cansa estar un día tras otro aquí abajo, mientras hay personas que se llevan todo el día en las nubes. Y lo peor de todo, lo más difícil supongo que es encontrar a alguien que te mantenga ahí arriba. Que el problema está en que la persona que te da el equilibrio es esa que te empuja mientras aprendes a andar por una cuerda floja. Tus más y tus menos se han convertido en un infierno que no tiene ni pies ni cabeza. Y luego piensas que si intentas escribir todo lo que te pasa empezarás a entender un poco la de laberintos sin salida que hay desde tu corazón hasta la punta del lápiz. Y te pierdes tío. Te pierdes mil veces antes de que puedas pronunciar un 'yo te quería más'. Porque luego no te van a dar una segunda oportunidad para que se lo demuestres. Te olvidarán y te harán daño, vas a saber lo que es el amor cuando te duela tanto como podría doler un disparo en el pecho, pero sin sangre. Esa es la mejor parte, la que tu también te llevaste, y ni siquiera yo sabía que tenía.

Comentarios

Entradas populares de este blog

A mi pesar.

 Me ha tocado ser indeleble. Adoptar al viento por la envidia del levante y la ley de la atracción que supone manejar el campo de visión que se me otorga a casi trescientos sesenta grados. Nunca tengo la periferia cubierta del todo. Siempre hay un atisbo, un espejo en ángulo muerto, un visor retro que me dice hasta cuándo estuve y la escala del cómo.  Ahora me ha dado por diseñar gráficos para comparar mi vida y obtener las malditas analíticas de cuánto he mejorado desde que nos despedimos. Lo jodido es que lleva casi un año sin actualizarse porque no tengo tiempo para pararme a pensar. Estoy mejorando, pero no sé medir la velocidad ni los peldaños. No sé en qué flaqueo ni lo que supero con creces. Mi vida es una expectativa. La realidad es que estoy cómodo, no sufro de más pero no dejo de sentirme insuficiente. La diferencia es que es muy diferente. Antes tendía a echarme a llorar y ahora suelo atenuar la importancia hasta alterar la indiferencia que me causa con respecto al ...

La rueda.

Me niego a pensar que no. Quiero decir, en la posible ficción que se crea en tu rubor y mi asfixia. No puedo ejercer con tanto jugo. Hace unos días, pensaba en los demás, en sus ojos. En lo que ven, lo que captan, lo que observan. Y no son tan capaces como nosotros. Porque si tiro más del hilo, encuentro una punta anudando a otra, un extremo consolando a su reverso. Y no es así como las distancias se plantean. Hay veces que uno las atora, las diversifica de tal manera que uno conversa con la interperie y uno reflexiona a gusto del consumidor. ¿Cuánto tiempo debemos mirarnos? Un segundo, uno, y ya han pasado veinte. Si intento materializar el éxito que supone pasear en ti, con tus puentes y cornisas, mantendría un fin arquitectónico y una deuda posiblemente insaciable hasta el resto de mis días. Me refiero, esta atracción ya no cabe en mi mesita de noche. Me devuelvo al lugar donde empecé y me dibujo, sentado, mientras te explico cómo funcionan los literatos y el romanticismo, que el si...

Ya no quiere ser fuerte.

Ya no salta. Piensa que se ha hecho mayor y que ya nadie quiere jugar a ser el astronauta que va saltando sobre sus lunares. Dice que está triste, que el mundo está triste. Y eso la hace estar más triste aún. Se le ha escapado una sonrisa, corred y pedid un deseo. Deseo no estar aquí. Deseo ser libre atada a sus brazos. No me acuerdo, pero era preciosa. Y educada, siempre me preguntaba si quería echar otro. Adivinadlo, no estoy hablando de pitis. Cuando el sol se pone su mundo se agita, se vuelca, se consume. No se siente capacitada para vivir sola, y define sola: sin ti. Mira por la ventana buscando excusas, un viento que venga con propósitos y dos cojones para reformar su corazón, su cajita fuerte. Grita a sabiendas de que no la escuchan, pide auxilio en voz baja porque no quiere que nadie la suba a su espalda. Le dan miedo las alturas, pero volar es su hijo pequeño, el amor arcano del que no ve sólo porque no quiere ver. Hace laberintos en su mente, se pierde por un mundo que...