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Dudas infinitas

Hoy me ha dado por hablar de lo triste que está el mundo. Luego pienso que quizá tenga yo la culpa de que todos sean tan idiotas. Y se me ocurre preguntarme qué sería de nosotros si no se llenaran nuestros domingos de nubes grises aunque detrás de ellas haga un sol radiante. No sé cómo hacer que me entendáis, es como si fuera necesario estar triste cuando menos deseas estarlo, no sé, si no me entendéis pues mejor. Pero os habéis fijado en lo que cansa estar un día tras otro aquí abajo, mientras hay personas que se llevan todo el día en las nubes. Y lo peor de todo, lo más difícil supongo que es encontrar a alguien que te mantenga ahí arriba. Que el problema está en que la persona que te da el equilibrio es esa que te empuja mientras aprendes a andar por una cuerda floja. Tus más y tus menos se han convertido en un infierno que no tiene ni pies ni cabeza. Y luego piensas que si intentas escribir todo lo que te pasa empezarás a entender un poco la de laberintos sin salida que hay desde tu corazón hasta la punta del lápiz. Y te pierdes tío. Te pierdes mil veces antes de que puedas pronunciar un 'yo te quería más'. Porque luego no te van a dar una segunda oportunidad para que se lo demuestres. Te olvidarán y te harán daño, vas a saber lo que es el amor cuando te duela tanto como podría doler un disparo en el pecho, pero sin sangre. Esa es la mejor parte, la que tu también te llevaste, y ni siquiera yo sabía que tenía.

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