Ir al contenido principal

El tiempo que te debo.

Buen conjunto el de tu ropa tirada por mi suelo. Me encantaban mis pies cuando los tuyos me los pisaban para darme un beso. No creo que te hayas ido del todo. A mi aún me quedan secuelas, y algunas manos que darte por la calle. Nos rompíamos la boca cada vez que intentabamos parar el mundo. Y lo mejor era que lo conseguíamos. Aunque no hay provisiones si estoy lejos de tus caderas, siempre me gustó la pulsera echa con polvo de estrellas. Y el mar que llevaba tu nombre en lo más profundo de sus olas. Nunca olvidaré aquellos "me haces falta" que salían de tu boca. Esa que daba besos sin que yo los pidiera. Y ojalá algún día vengas a reprocharme el tiempo que te debo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

A mi pesar.

 Me ha tocado ser indeleble. Adoptar al viento por la envidia del levante y la ley de la atracción que supone manejar el campo de visión que se me otorga a casi trescientos sesenta grados. Nunca tengo la periferia cubierta del todo. Siempre hay un atisbo, un espejo en ángulo muerto, un visor retro que me dice hasta cuándo estuve y la escala del cómo.  Ahora me ha dado por diseñar gráficos para comparar mi vida y obtener las malditas analíticas de cuánto he mejorado desde que nos despedimos. Lo jodido es que lleva casi un año sin actualizarse porque no tengo tiempo para pararme a pensar. Estoy mejorando, pero no sé medir la velocidad ni los peldaños. No sé en qué flaqueo ni lo que supero con creces. Mi vida es una expectativa. La realidad es que estoy cómodo, no sufro de más pero no dejo de sentirme insuficiente. La diferencia es que es muy diferente. Antes tendía a echarme a llorar y ahora suelo atenuar la importancia hasta alterar la indiferencia que me causa con respecto al ...

Letras es cuarentena.

Hay un sonido monótono que, alba tras alba, ilumina la oscuridad de la calle. Podría decirse que se esconde entre las ruedas de los automóviles y nos da a elegir entre la acera y la calzada. Ambas están empapadas del mismo frío que disfraza a la atmósfera. El silencio no necesita armas de cuchillo ni fogueo precipitado, antes de pulsar cualquier gatillo, ya podría haber matado a algunas personas. Los días son interminables pero insuficientes, como si nuestra necesidad llevara el mismo nombre de la persona que la condenó. Agachando la cabeza vi a un hombre paseando a su perro y, si la levantaba, veía un sueño hecho pesadilla. Días comunes como ningún otro, en los que el sol tiene miedo a asomarse si no ve a nadie y donde las nubes no dibujan figuritas, ya que el viento no las lleva a ninguna parte. Hacía un día precioso y no había nadie para cuestionarlo.  Para que un segundo pasase, debía presentarse como perdido y las ventanas, eran cárceles de amor y creativ...

Irse y huir.

La letanía que me hace despertar es la misma que me condena. Una sinfonía exacta: tres, cero, cuatro. Los números no se equivocan. Tampoco lo hicieron las personas que se fueron. Pero porque una cosa es huir, y otra irse. Huir parte de una súplica, indebida, tal vez, hacia dentro. Pero irse es cosa de valientes, irse cuesta mucho más. Decirlo en voz alta, maldecir tres veces haberlo dicho, cumplirlo. Ese es el plan. Marcharse. Obligarte a olvidar, a dejar atrás, a extrañar, a dejar de sentir por los sentidos. No al gusto, tampoco al tacto. No se oye más, ni se huele, ni se ve. Se bifurca , se pelea uno con uno mismo, se prohíbe, se delata. Por supuesto que tiene que ver con quien se queda. Es decir, mantienes algo, lo que ocurre es que ni puta idea. Algo dócil, que estremece, que suena a verano, ahí hubo calma. No la hubo, la ofreció. Irse es cosa de locos porque huir lo es más de tontos. Y yo soy un poco las dos cosas, porque he estado tan loco por irme, que me he sentido increíblemen...