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El primer día del resto de mi vida.

Dicen que si sientes miedo lo estás haciendo bien. Y, nunca he creído en la magia, pero de repente me tenías intentando detener el tiempo cada vez que estábamos juntos. Siempre he pensado que algún día dejaríamos de buscar respuestas porque encontraríamos a alguien que hará que dejemos de hacernos preguntas. Y que el amor es querer enamorarte cada día, como un alquiler de latidos en el que siempre acabo siendo yo la culpa de tus sentimientos. Y al instante el insomnio se convierte en dormir sin ti, porque dormir contigo es tener sueños, y no querer dormir.

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A mi pesar.

 Me ha tocado ser indeleble. Adoptar al viento por la envidia del levante y la ley de la atracción que supone manejar el campo de visión que se me otorga a casi trescientos sesenta grados. Nunca tengo la periferia cubierta del todo. Siempre hay un atisbo, un espejo en ángulo muerto, un visor retro que me dice hasta cuándo estuve y la escala del cómo.  Ahora me ha dado por diseñar gráficos para comparar mi vida y obtener las malditas analíticas de cuánto he mejorado desde que nos despedimos. Lo jodido es que lleva casi un año sin actualizarse porque no tengo tiempo para pararme a pensar. Estoy mejorando, pero no sé medir la velocidad ni los peldaños. No sé en qué flaqueo ni lo que supero con creces. Mi vida es una expectativa. La realidad es que estoy cómodo, no sufro de más pero no dejo de sentirme insuficiente. La diferencia es que es muy diferente. Antes tendía a echarme a llorar y ahora suelo atenuar la importancia hasta alterar la indiferencia que me causa con respecto al ...

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