Ir al contenido principal

Nuestra canción ya no quiere sonar.

Hay miles de motivos por los que a veces nos sentimos aislados del mundo. A mí me gusta hacer sonar algo de música, no sé, que suene más fuerte que todas las voces de este planeta. Es una forma de evadirte de esta pesadilla. Digo pesadilla porque vivimos en un sueño. Nuestra vida, tío, todo es un puto mundo irreal en el que sólo vemos lo que queremos ver y no miramos más allá de las murallas infinitas. Cuando el Sol se pone, miles de sonrisas se van con él. Tu sales de fiesta y no lo notas, pero joder, que también hay gente en hospitales, en casa, solos. O mucho peor, acompañados pero que siguen sintiendo que están sólos. Y cuando una canción deja de sonar, es como si fuera tu vida, son lapsus de pequeñas imperfecciones que hacen al mundo menos malo. Te dan un breve respiro. Pero entre canción y canción, hay un mundo de diferencia. Unas mejores que otras, que te llegan más y te sientes más tú. Sabéis, pero cuando una canción no quiere sonar... mejor no forzarla, que al final acabas partiendo el CD.

Pero lo que realmente jode, es que no puedas evitar hacer eso de activar la repetición, siempre la misma canción. Eso puede ser malo, y llegar a acojonarte. Porque acojona que no quieras oír otra voz, ni ver otra sonrisa. Esa carcajada que te hace reir sin tú saber cómo. Porque cuando algo nos pasa, mentimos, porque no nos pasa algo, sino alguien. Alguien que es tu 'canción' o como quieras llamarlo, pero resulta que más allá de sus ojos no ves nada, sólo escombros y muros caídos, derrumbados por la fuerza de sus pasos. Y tía, llámame loco, pero jode eso de que esa persona por la que tú matarías, te esté matando.

Comentarios

Entradas populares de este blog

A mi pesar.

 Me ha tocado ser indeleble. Adoptar al viento por la envidia del levante y la ley de la atracción que supone manejar el campo de visión que se me otorga a casi trescientos sesenta grados. Nunca tengo la periferia cubierta del todo. Siempre hay un atisbo, un espejo en ángulo muerto, un visor retro que me dice hasta cuándo estuve y la escala del cómo.  Ahora me ha dado por diseñar gráficos para comparar mi vida y obtener las malditas analíticas de cuánto he mejorado desde que nos despedimos. Lo jodido es que lleva casi un año sin actualizarse porque no tengo tiempo para pararme a pensar. Estoy mejorando, pero no sé medir la velocidad ni los peldaños. No sé en qué flaqueo ni lo que supero con creces. Mi vida es una expectativa. La realidad es que estoy cómodo, no sufro de más pero no dejo de sentirme insuficiente. La diferencia es que es muy diferente. Antes tendía a echarme a llorar y ahora suelo atenuar la importancia hasta alterar la indiferencia que me causa con respecto al ...

He pecado.

Hasta que la gota aprenda a colmar, supongo. Se supone que es así de necesario, como el albor trata a los ojos que lo contemplan. Buscando el rasguño de paz, la calada de sosiego. Nunca ha sido nunca.  El azar se repite, la judería deshabitada. Intenté encontrar un columpio libre, no un parque vacío. Gusanitos llegan, gusanitos van. Unos mutan, otros matan. Unos flirtean, otros se estremecen. No son tan largos los años.  Lleva siendo mentira desde ayer, desde que decidí creer. Desde que dije sí a lo que siempre dije no. Desde que las nubes se encierran a llorar. Desde que el desierto es capaz de ahogarse. Kilómetros de silencio, años luz de oscuridad. Así es la astronomía, un mausoleo de estrellas dignas de haber muerto. Ya casi estoy.  Fermenté en la aceptación, calcinado hasta el hueso, como los huracanes se llevan hasta lo que no necesitan. Épocas catalogando momentos, canciones que consiguen sacar el sabor de la desgracia. He pecado, pero aún estoy planteándome si voy...

Me dan miedo los aviones.

De pequeño me preguntaba cómo sería de mayor. Y ahora que soy un poco más mayor, me pregunto si todo hubiera sido exactamente igual si no hubiera escrito alguna vez lo que siento. Si, casi sin querer, nunca hubiera tirado aquella comida al suelo para alimentar a un perro o a un gato. Todo sería un poco diferente, si ni siquiera hubiera escuchado al silencio a las 4:00 de la mañana, si el tic tac de un reloj nunca hubiera agujereado mi mente cuando yo no encontraba la llave maestra. Lo recuerdo, recuerdo cosas que se me olvidaron en casa, recuerdo cartas que nunca envié a ciertas personas por miedo a que no fueran respondidas. Ahora las cosas son así, pero, y si nunca se me hubiera caído nada de los bolsillos, o simplemente no hubiera andado por callejuelas que no tenían música, sentido, o salida. Tal vez habría sido mejor persona, o mis miedos no habrían organizado aquella manifestación que pude impedir y no lo hice. O gritar, y si nunca hubiera gritado. Y si tampoco hubier...